lunes, 30 de noviembre de 2009

Deudas y ofensas

No sé en qué medida puede ser esto inteligible, pero los países ricos alcanzarán el año próximo, según la OCDE, el umbral simbólico del 100% de deuda pública, lo que significa que en teoría deberían dedicar el total de sus ingresos a pagar la deuda que han contraído. Si esto no lo hacen sólo puede ser debido a que emiten más deuda con lo que la burbuja de la misma aumenta en progresión geométrica y la carga sobre el planeta, el futuro y los pobres se hace más insoportable cada vez. Es fácil de entender: si emitimos más deuda para no pagar con los recursos propios actuales, lo que hacemos es diferir el pago de lo que nosotros estamos ahora disfrutando. Si además aumentamos la masa monetaria lo que hacemos, dicho llanamente, es robar a los más pobres que nunca pueden alcanzar a poseer esa masa monetaria y su "riqueza" se ve mermada en la misma proporción que aumenta la nuestra. Este es el motivo real por el que ninguna ONG está haciendo lo que debería para evitar la pobreza, porque no se trata de dar nada, sino de no quitarles lo que es suyo y ya mismo tienen en posesión. El incremento de la deuda de los países ricos funciona como una máquina de succión de riqueza desde los más pobres hacia los más ricos. Este mecanismo ni se explica en las facultades de economía, rebosantes de futuros especuladores, ni se publicita en los medios de comunicación, pero es bien real y tendrá sus efectos. El primero de ellos será el aumento otra vez del número de hambrientos y la depauperación progresiva de cuatro quintos de la humanidad. Pero más grave, si es que se puede hacer un ranking en esto, es la destrucción sistemática del medio natural en el que la especie humana puede vivir como tal. Al aumentar la deuda de los países ricos, se genera una presión proporcional sobre los recursos y aumenta la huella ecológica del sistema capitalista. Dentro de unos años nos encontraremos ante una urgencia humana enorme por la carencia de los recursos que hoy son dedicados a pagar la enorme deuda que estamos contrayendo. Y todo esto para que podamos llenar nuestras casas de trastos pronto obsoletos, podamos ir a la moda por poco dinero y nos podamos permitir viajes y otros lujos estando como está el mundo. En el fondo son deudas que son ofensas y ofensas que endeudan más al mundo. Creo que todavía rezamos aquello de "perdónanos nuestras ofensas-deudas..."

sábado, 28 de noviembre de 2009

El pensamiento negativo

Ayer, después de una jornada intensa de trabajo, desde las 17 hasta las 20 horas, en las que los asistentes a la ponencia (público heterogéneo pero muy interesado e interesante) hubieron de enfrentarse con una exposición exigente de lo que entiendo que no es solidaridad y de lo que no debemos hacer. Para empezar conté "dos mentiras, una verdad y un cuento chino" y pedí que mientras yo me dedicaba a la exposición sistemática de la ponencia, los cerebros de los asistentes se dividieran intentando unir esa introducción atípica con la exposición. Después del trabajo en grupos llegó la puesta en común, muy corta por obligaciones personales, pero intensa. El grupo manifestó cierto impacto, una sacudida en su forma de ver el mundo, y a mí me quedó en lo hondo una necesidad de expresar por escrito lo que entiendo que debe ser un pensamiento negativo para hoy día como profecía cristiana en acto. Lo que sigue va dedicado a los asistentes a las Jornadas para la Educación en la Solidaridad de los colegios maristas de Granada.

Hace unos meses aperecía un libro con el título El pensamiento negativo cuyo autor es Risto Mejide, conocido por sus ácidas descalificaciones a los participantes de un concurso televisivo. El libro intenta poner el mundo del revés y dar una visión distinta de las cosas, pero se queda en un puro remake de las leyes de Murphy. Qué tenía de bueno el libro, poco, pero me sirve para ejemplificar lo que no es un verdadero pensamiento negativo que yo sí aplico sistemáticamente en este blog y en casi todo lo que hago. El pensamiento negativo bebe en la fuente de la verdad como medio de ejercer una crítica inmisericorde contra la injusticia en la que se ha convertido la realidad en que vivimos. Es un pensamiento que duda por sistema, de forma metódica casi, de todo lo que se le ofrece como cierto en un mundo gobernado por la mentira constante de los que poseen los medios para someter los hechos a sus intereses y además convencer a la mayoría de ello.
Es un pensamiento pesimista porque entiende que lo real se construido como una pésima imagen del ser, por eso siempre se pone en lo peor, quizás como medio de evitarlo, pero también como higiene mental ante tanto optimismo bobalicón que se vende a espuertas en los innumerable iconos postmodernos. No cree en la verdad de los hechos porque busca los hechos de la verdad allí donde han sido truncados por los intereses dominantes.
Pero el pensamiento negativo está cargado de esperanza; esperanza en la destrucción de este mundo como medio para la construcción de un mundo nuevo; esperanza en que la verdad nos libera y que esta se impone a pesar de la injusticia; esperanza porque la historia está jalonada de hombres y mujeres que han dejado la vida en dar sentido a la historia; esperanza para despedazarse uno mismo y dejarse el ser en lo que hace cada día como instrumento del Reino que está llegando.
El pensamiento negativo posee la fuerza de los vencidos de la historia, de los millones de víctimas aplastadas por las fuerzas destructoras de la humanidad en el mismo ser humano. El pensamiento negativo no se dasalienta por las nuevas derrotas que nos esperan, porque sabe que el primer derrotado fue el primer vencedor, el primogénito de la nueva creación que surge de las alcantarillas de este mundo podrido que da los últimos estertores antes de morir. El pensamiento negativo cree en la vida, ama al hombre y espera la resurrección de los muertos.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Educar la Solidaridad

El próximo viernes estaré en Granada invitado por los colegios maristas de la localidad. Me han propuesto que desarrolle una ponencia sobre los fundamentos teológicos de la solidaridad y su relación con la educación en la I Jornada Pastoral de Educación para la Solidaridad. Mi intervención se desarrollará por la tarde y cuenta con la participación de profesores, animadores, catequistas y diversas personas interesadas en la solidaridad desde la perspectiva cristiana.
Mi planteamiento quiere ser alternativo a los usos que se hacen de la solidaridad, sobre todo en las fechas que se aproximan, donde la solidaridad no es sino un elemento más de marketing. Veremos proliferar spots publicitarios donde los famosos de este país se sumarán a "causas solidarias" y se nos invitará a participar en programas para recaudar fondos destinados a alguna "buena acción" que saque de la miseria, aunque sea por un día, a alguno de esos niños que desfallecen en algún país "desafortunado". En la sociedad consumista también se consume solidaridad y casi no es otra cosa que un medio más de consumo. Algo así como el listado de obras de caridad que llevaba Rockefeller, seguramente para presentarlo a Dios el día que tuviera que presentar cuentas de su vida y actos. La solidaridad se vende y se compra y los consumidores nos sentimos mejor cuando degustamos las viandas de los días navideños porque nosotros ya hemos ayudado a "nuestros pobres".
Teológicamente la solidaridad tiene su fundamento en el Dios que toma nuestra condición humana y se solidariza con nosotros, con nuestras miserias e injusticias. El Dios Amor es el que ha querido hacerse uno de tantos, el que se ha kenotizado con el fin de elevarnos a la categoría de "amigos de Dios". El Dios que se revela rebelándose en el Éxodo y que se encarna en Jesús de Nazaret, el crucificado y resucitado.
El verdadero solidario es el solitario, en el sentido escotista del término: la ultima solitudo que no es soledad sino plenitud. Aquel que ha sido capaz de acceder a su mismidad y desde ahí universalizarla es el verdadero solitario-solidario. El solitario es el que asienta (pone el suelo, solidus) su identidad en el ser del Otro que se le entrega como don; sólo así se puede fundamentar una solidaridad verdaderamente cristiana que sea capaz de la necesaria profecía ante el pecado de este mundo de consumo destructivo de todo, hasta de los más bellos ideales.

martes, 24 de noviembre de 2009

Anorexia profética

Vicente Romero es uno de los profesionales del periodismo que salva a esta digna profesión de tanto mercenario que pulula por las televisiones, radios y periódicos de este país y del mundo entero. Durante décadas ha sido un maestro en el periodismo, pero también en humanidad y compromiso en su defensa de los desposeídos de la tierra. Sus documentales son los más incisivos en el análisis de las causas de los sufrimientos de este mundo. Las guerras, la corrupción, las hambrunas, todo ha tenido cabida en su ingente trabajo por destripar un mundo donde sería posible el amor y la felicidad, pero donde unos pocos son capaces de apropiarse lo que a todos es debido por naturaleza y por voluntad divina.

El último de sus documentos fue emitido en el programa Informe Semanal del sábado 21 de Noviembre. El motivo era el aniversario de la declaración de los derechos de los niños, pero también el incumplimiento sistemático de estos mismos derechos, por ello empezaba el documento con un recuerdo de los muchos casos que el pariodista ha podido documentar en los últimos largos veinte años del periplo neoliberal. Las situaciones, lacerantes como siempre, se repiten una y otra vez. Cambian los nombres y los rostros, pero el eterno niño abusado, explotado y destruido en su niñez, sigue siendo el mismo siempre. En él se pueden contemplar los ojos del hermano eterno, aquel que nos llama desde su altura moral de humillado y ofendido y nos taladra la conciencia con su silencio.

Lo peor de todo es que la situación empeora a la par que la riqueza global aumenta y que esa situación es conocida por todos, como bien remachaba el bueno de Vicente. Algunos periodistas se han encargado de que todo el mundo conozca lo que pasa y, más importante, porqué pasa. Pero nada se soluciona, todo sigue igual o peor. El caso más sangrante es el que nos muestra en Haití, el país más empobrecido de la tierra tras el golpe de estado auspiciado por Estados Unidos y legitimado por la ONU. Sus habitantes hace un año que empezaron a comer tierra literalmente: con una tierra arcillosa y un poco de aceite de palma, elaboran unas galletas que tras su cocción tienen buen aspecto, pero saben a tierra y llenan el estómago. Su poder nutritivo es casi nulo, pero al menos dan la sensación de comer. En esta situación, dos niñas de poco más de tres años, con un cuadro de desnutrición crónica se negaban a ingerir la papilla que aportaban las organizaciones no gubernamentales. Estas niñas acabaron falleciendo negándose a comer, algo así como una anorexia profética que denuncia un mundo de extrema injusticia donde 500 millones de niños están al borde de la inanición.

Sirvan estas palabras como agradecimiento a la labor de los periodistas que nos ayudan a entender este mundo, especialmente a Vicente Romero. También sirva para que el que suscribe se saque de encima la "basura" moral que le producen las realidades de este mundo, aunque no la culpa que pesa como una losa.

sábado, 21 de noviembre de 2009

La apropiación del mundo

Alimentarse es un modo de estar en el mundo. Mediante la alimentación me apropio de una realidad que, en principio, no era mía, no era yo mismo. Debido al proceso de la alimentación, aquello que permanecía fuera del hombre pasa a formar parte constitutiva de su ser, pasa a acrecentarlo, prolongando su existencia. Esto es algo que tienen en común todos los seres vivos, desde los más simples protozoos hasta la especie humana. Si nos fijamos en las plantas vemos como recogen el sol, el agua y los nutrientes químicos de la tierra descomponiendo sus elementos con el fin de extraer los átomos y hacerlos propios, apropiárselos. En sí, un átomo de hierro es el mismo, esté formando parte de un compuesto férrico o se halle en la sangre de un ser vivo. Pero no realiza la misma función, digamos que es más valioso ese mismo átomo cuando forma parte de la sangre de un ser vivo que cuando está en un compuesto químico inanimado. Pero el átomo es el mismo, lo que cambia es la estructura que lo alberga.
La alimentación es siempre una apropiación, pero esta apropiación, en el hombre, es una apropiación del mundo, del mundo humano. Cuando esa planta que decíamos toma los elementos que necesita de la naturaleza, lo hace de un modo, digamos, mecánico: lo hace por ser precisamente una planta, en el momento que no lo hiciera dejaría de ser planta. Su ser-planta es su modo específico de apropiación. Puede decirse lo mismo de los animales. Un cordero, por ejemplo, lo es por su modo específico de apropiación, la estructura de su organismo está preparada para producirse mediante esa forma concreta de apropiación de lo que le es ajeno: la hierba, los frutos, los cereales. Se ve claramente la diferencia si ponemos el ejemplo opuesto, el lobo. El lobo posee un modo específico de apropiación que es ingerir lo que caza, por ejemplo el cordero.
En el hombre, el modo específico de apropiación es la apropiación del mundo de los hombres. Una de las claves para distinguir en el proceso evolutivo de los homínidos cuando nos encontramos ante humanos propiamente hablando es su forma de alimentarse. La preparación de los alimentos, esto es, el cocinamiento, es un índice de humanidad. El hombre no posee ni fuerte estómago para digerir gran cantidad de carne cruda o raíces y hierbas; ni posee potentes caninos ni fuertes garras para desgarrar; tampoco fornidos molares que trituren el grano, de ahí que deba fabricar utensilios y cocinar los alimentos. Al hombre no le vale, como al hominoideo, con cazar la pieza y devorarla directamente de cualquier manera. No, el hombre necesita preparar la pieza, separar sus partes, desechar lo que no sirve o puede ser perjudicial, cocinarla y, por último, ingerirla mediante el rito que es la comida. La alimentación es, en el hombre, un acto humano, por lo que su forma y contenido viene determinado por el grupo humano y por su forma de apropiación del mundo. Lo que sí es común a todos los grupos humanos es hacer de la alimentación un acto que va más allá de la simple ingesta de alimentos, como sucede en los animales cuyo cuerpo está preparado para ingerir su alimento de forma automática. En cambio, en el hombre, debido a su inadaptación específica, primero ha de hacer digerible humanamente el alimento. La preparación del alimento y su consumo son acciones colectivas realizadas entorno al fuego que cocina el alimento, calienta y alumbra. Ese fuego actúa de foco desde el que parte, en la noche de los tiempos, el hogar familiar, donde se comparten los avatares del día, se proyectan los actos futuros y se comunica el calor del cariño y la cercanía.
No sólo somos lo que comemos sino que somos el modo específico de apropiación del mundo. Si nos apropiamos del mundo expropiándolo tenemos un ser humano muy diferente a la apropiación del mundo que vivimos en el ágape eucarístico.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Bonitos, besugos y otras mentiras

Ha sido una lección de hipocresía social de la democracia formal impagable lo que hemos podido ver, oír y hasta sentir en los últimos dos meses. El secuestro del Alakrana, cuyo significado desconozco más allá del parecido fonético con el arácnido capaz de inocular un veneno mortal en algunas de sus mil quinientas especies, nos ha permitido ver de qué materia moral está hecha esta sociedad con sus dirigentes políticos y los medios de comunicación a la cabeza.
En algunos de esos medios que hace bien poco tildaban de "filoterrorista" a todo aquel que se atreviera a expresar una opinión que se pareciera en algo a lo que a veces suena en el entorno de los radicales abertzales, casi se llega al linchamiento público del juez Garzón por expresar la imposibilidad de que la justicia negocie con los piratas que secuestraron el barco. El estado de derecho, recordaba el mediático juez, no puede dejarse presionar por nadie, que es lo mismo que decían otrora esos medios que ahora exigían la puesta en libertad de los dos apresados para así canjearlos por los nuestros.
Aquellos que hicieron de la imposibilidad de hablar con terroristas su bandera, hoy parecen amigos de piratas, casi se frotaban las manos ante la eventualidad de una desgracia y pedían por lo bajo el pago de lo exigido por los secuestradores. Mientras que los responsables políticos y judiciales han escarbado en el derecho con el fin de hacer lo que deben: adaptarlo a las circunstancias, cosa que no hicieron en circunstancias mucho más ventajosas para el estado de derecho y que hubieran reportado mayor paz social y una verdadera justicia.
Ahora todo el mundo está aliviado, y uno se alegra de que esos pobres pescadores salgan con bien de un embrollo del que no son culpables. Pero hay que plantearse algunas cuestiones de cara al futuro: lo primero es si en casos semejantes se podrá hacer lo mismo o esto sólo se ha realizado porque nos tenían cogidos por esa parte noble los piratas. Ahora cualquiera en el mundo sabe que el estado de derecho español se pliega a las exigencias de cualquiera que ponga en riesgo real la vida de sus ciudadanos. Lo segundo es si nos vamos a tomar en serio que la justicia sólo lo es cuando se aplica con criterios humanos y teniendo presente las circunstancias y que no hay justicia allí donde algunos retuercen el derecho a la vida digna y a la paz entre los hombres. Lo que debería hacer el juez Garzón, amén de investigar a todos esos "mediadores" con sede en la City, es abrir una investigación seria sobre lo que hacen nuestros barcos de pesca arrastreros en las aguas que tradicionalmente han servido para que la población somalí sobreviva. Además se debe investigar qué derecho internacional ampara a las tropas de los países europeos que persiguen, detienen y disparan contra población extranjera en aguas extranjeras. Por último, pero más importante, todos nosotros debemos hacernos una cura de información para saber qué pasa realmente, dejando de lado los medios de desinformación de masas que nos suministran la información para anestesiar nuestras inteligencia.

Por cierto, sería muy bueno que esos medios nos dieran la siguiente información:
1. ¿Cúanto dinero de subvención recibió y recibe el Alakrana?
2. ¿Cuánto cuesta la dotación de seguridad que llevará cada barco?
3. ¿Cuánto nos cuesta la operación Atalanta para defender los pesqueros?
4. ¿Quién se queda con las capturas y cuánto dinero les aporta?
5. ¿En qué condiciones quedan los mares tras el paso de los arrastreros?
6. ¿Qué grado de contaminación tienen esos peces expuestos a los residuos emergidos tras el tsunami del 2000?
7. ¿Cuáles son los verdaderos intereses para que esos barcos estén allí?

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Canibalismo omnímodo

Todos los que tienen niños, y los que no también, han podido comprobar que los bebés conocen el mundo con la boca: todo se lo llevan a la boca, todo intentan comérselo. Este gesto de indiferencia a la hora de determinar los objetos comestibles es el indicador de que aún se encuentra en un estado casi puro de naturaleza. Más adelante tendrá que aprender qué cosas se comen y cuáles no se pueden comer y eso lo aprenderá a la vez que inicia su proceso de humanización. Este proceso ontogenético tiene su par filogenético. En la historia de la humanidad hubo un momento en el que, como los bebés, no existía diferencia entre las cosas comestibles (consumibles) y las cosas no comestibles. En un proceso lento de varios millones de años se llega a diferenciar entre unos objetos y otros y aparecen los conocidos tabúes alimentarios que no son sino expresión de esta verdad profunda: todo no puede ser comido, consumido. Lo primero que aparece como no comestible es el prójimo. Todavía en Atapuerca se han encontrado restos de homínidos que han sido consumidos por su congéneres. Tenemos un indicio claro de humanidad cuando el prójimo no puede ser comido, es más, cuando cualquier ser humano no puede ser comido.
Todas las culturas, absolutamente todas, se han construido sobre esta base: la diferencia entre cosas que se comen y cosas que no se comen. Desde aquí se establecen dos distinciones más. De un lado las cosas de usar, que no pueden ser comidas pero sí usadas; y del otro las cosas de mirar, que no pueden ser ni comidas ni usadas: deben ser miradas, admiradas, son las mirabilia. Esta triple distinción es la base cultural de la humanidad y de su mantenimiento depende la continuidad de la misma a lo largo del tiempo. Pero he aquí, nos contó magníficamente ayer Santiago Alba Rico, que en el capitalismo se ha producido la ruptura de esta distinción. El capitalismo, que no es sólo un orden económico y social sino también un estado del alma, es la única cultura desde el neolítico que no distingue entre objetos de mirar, objetos de usar y objetos de comer. En el capitalismo todos los objetos son de comer, como lo son para el bebé que está atrapado por el ello; no sabe distinguir entre objetos, no tiene humanidad, acabará con todo bajo la égida del consumo. El capitalismo es la cultura del canibalismo omnímodo: todo ha sido reducido a objeto comestible, es decir, de consumo y por tanto de destrucción, porque consumir es destruir. En este proceso todo, absolutamente todo, queda sometido a la lógica del consumo, a la lógica de la destrucción. Ya no hay nada tabú, ni sagrado; todos los objetos del mundo son consumibles, hasta las imágenes, principalmente las imágenes, en un proceso acelerado de desmaterialización del consumo.
Tras esta lógica homogeneizadora de las cosas, reducidas todas a cosas de comer, viene la destrucción de la triple realidad que constituye al hombre: razón, memoria e imaginación. La razón, como medio de pasar de lo particular a lo universal ha sido abolida; la memoria como base para la construcción de un mundo humano, desaparece con los objetos comestibles, que no son sino depósitos de memoria; la imaginación como medio para establecer relaciones morales (me pongo en tu lugar), ha quedado asumida en la lógica de la reproducción ampliada: ya no existe la empatía y menos la compasión.
Alba Rico, como buen marxista, no puede ver que razón, memoria e imaginación no sólo son constituyentes de la realidad humana, son los constituyentes de la realidad total; son otra forma de decir Padre, Hijo y Espíritu. En el capitalismo caníbal, Dios también ha sido convertido en objeto comestible, en objeto de consumo.

martes, 17 de noviembre de 2009

Hechos e interpretaciones o "dame pan y dime tonto"

"Si el sueldo de alguien depende de que no entienda algo, nunca lo entenderá", esta frase, que no recuerdo dónde la leí, se hace cada vez más cierta en este mundo en supuesta crisis. Según las encuestas realizadas en el país más contaminante de la tierra, USA, en los últimos 18 meses ha caído a la mitad el número de personas que cree que está habiendo un aumento de la temperatura en el planeta, y en esa misma proporción los que opinan que ese aumento, de darse, es obra humana. Ciertamente la crisis hace milagros, el primero de todos es hacernos creer lo que nos conviene y no lo que está sucediendo. Como nuestro supuesto futuro bienestar depende de la contaminación producida por la industria y el sistema productivo, creemos que eso no tiene ningún efecto en el clima del planeta. Cuando todo iba bien no nos importaba que los ecologistas agitaran el miedo al cambio climático, hoy se les niega cualquier tipo de veracidad y cada vez son más los medios que se suman al "negacionismo", demostrando una vez más que los hechos son interpretaciones y las interpretaciones se tornan hechos en estos tienes finales de época.
Estos negadores de la realidad se escudan en una supuesta falta de consenso científico, precisamente ahora que las grandes revista de ciencia (Science, Nature) se hacen eco de los resultados constatables sobre el aumento de la temperatura planetaria. Nos dicen que si no hay consenso no hay realidad. Algo así como si todos los ciegos niegan la existencia de la luna esta no existe. Es un argumento de mucho peso lógico, como se ve, y de gran raigambre científica: construir la realidad por consenso. Es decir, que cerramos los ojos y ya está, o como me dicen algunos alumnos un tanto ingenuos, para entonces no estamos aquí. Esta argumentación es respetable a ciertas edades, pero cuando de forma tácita es expresada por personas de las que supone un nivel intelectual alto, aunque sólo sea por exhibir un título universitario, entonces la cosa adopta un tinte muy diferente. Debemos pensar dos cosas y sólo dos: una, que sus facultades morales se han visto gravemente afectadas debido al mal hábito adquirido, algo así como sucede con el onanismo; la otra, peor aún, que nos quieren engañar, independientemente de la afición de Onán. Y aquí es donde estamos, nos quieren engañar y nosotros nos dejamos engañar. Los medios de comunicación, mayoritariamente, se suman al "negacionismo" o al "aplazacionismo", es decir, negar la realidad o aplazar cualquier solución para mañana, vale decir para nunca, y que nuestros nietos no puedan vivir en este planeta.
Existe una web que puso en marcha hace quince meses un reloj con cuenta atrás de 100 meses, fecha tope para tomar medidas que sean útiles para evitar, atención, la catástrofe. Más allá de 2016, ninguna medida a tomar tendrá valor para evitar lo peor. Aún estamos a tiempo, pero...

domingo, 15 de noviembre de 2009

Necesidades de indigencia y de estatus

A veces no hay como mirar al pasado para encontrar alguna luz en el presente. Esto mismo es lo que pasa cuando leemos a los clásicos de la teología, sea un Crisóstomo, por el que tengo especial apego, un Buenaventura o un Tomás de Aquino. Éste último nos ha legado infinidad de textos y reflexiones que es conveniente tener presente siempre, pero tiene especial importancia en estos tiempos la reflexión que se encuentra en la famosa Cuestión 66 de la Summa Theologica II.II. Toda la cuestión se centra en la justicia y allí se nos dice que es de obligación para el hombre dar todo lo superfluo a aquel que no tiene para cubrir las necesidades naturales. Y más aún, el estado viene obligado a hacer cumplir esta norma del derecho natural, de tal modo que puede tomar lo superfluo del rico para darlo al pobre.
Quizás el problema estriba en determinar qué sea superfluo, pero el santo nos ilumina como siempre. El ser humano tiene derecho natural para cubrir dos tipos de necesidades: necesidades de indigencia y necesidades de estatus. Las primeras son evidentes: todas aquellas que permitan al ser humano mantenerse vivo con una vida que pueda ser considerada humana; las de estatus se refieren a la posición que ocupa el hombre en su sociedad, de tal modo que estas necesidades son relativas, pero no absolutas. El resto de lo que se tiene es considerado superfluo y por tanto exigible como limosna obligatoria, dice el aquinate. No es potestativo del propietario de lo superfluo decidir si lo da o no; una vez que ha cubierto todas sus necesidades debe darlo y guardarlo vendría a ser algo asimilable al robo. De aquí deduce Santo Tomás que cuando se está en situación de necesidad está permitido tomar lo que a otro sobra y no debe tenerse por hurto. Incluso afirma que “en caso de una necesidad semejante también puede uno tomar clandestinamente la cosa ajena para socorrer así al prójimo indigente” (art. 7).

La situación presente nos muestra una realidad dura donde cuatro quintas partes de los hijos de Dios no pueden cubrir ni tan siquiera sus necesidades de indigencia, mientras tantos otros disfrutamos de riquezas superfluas que por derecho natural no nos pertenecen. Aceptamos que en nuestras sociedades hay necesidades de estatus elevadas, pero aún así sobra en exceso y ese exceso puede ser tenido por robo en el momento en que nuestros hermanos pasan una necesidad perentoria. Sería de justicia tomar lo que a unos sobra para darlo a los que les falta, porque esa “sobra” también está haciendo daño, como recordó el Papa hace poco, a sus propios poseedores. Debemos considerarnos administradores de lo que poseemos y no propietarios, esa es la concepción cristiana de los bienes.
Pero hay otra cuestión interesante que sólo está apuntada en el pensamiento de Santo Tomás: que es legítimo tomar clandestinamente, hermosa palabra, lo que a otros sobra para cubrir las necesidades perentorias de los seres humanos que están en una absoluta indigencia. ¿Será que el santo nos invita a organizar la redistribución de los bienes de la tierra, aunque sea por la fuerza? No sé si debemos llegar a tanto, pero en este mundo existen siete necesidades que todos debemos tener satisfechas para poder seguir en una existencia que pueda considerarse digna: alimentación, vestido, habitación, sanidad, educación, transporte y cultura. Si alguno de nuestros hermanos no las tiene cubiertas y a nosotros nos sobra, estamos robando aquello que sobra.
Si bien el santo no invita a la redistribución forzosa de la riqueza, sí nos ilumina para provocar una verdadera reconsideración de lo que debe ser tenido por propio. La propiedad privada de los medios de subsistencia sólo es legítima cuando todos nuestros hermanos han cubierto sus necesidades, de lo contrario debe ser tenido por robo.

A Martín Gelabert, eminente discípulo del aquinate.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Ni resucitando un muerto

Según una información de bbc.com, aumentan los datos registrados sobre los efectos del cambio climático en el planeta. Nos apunta dos datos, uno que no tiene discusión y es que el nivel del lago Titicaca se reduce dos centímetros por semana desde hace meses. Lleva 81 centímetros acumulados y se encuentra a 30 del nivel por debajo del cual no podrá obtenerse recursos hídricos para la población sin perjudicar la vida natural en el lago. Este dato nos dice que las temperaturas en la zona, normalmente bajas, se han elevado lo suficiente como para que la evaporación del lago tenga un efecto visible en su nivel constante de agua. Se trata de un síntoma más, pero un síntoma que se une a otros que resultan altamente preocupantes, como el dato que publica Science sobre el hielo de Groenlandia: se han derretido desde el año 2000 1,5 billones de toneladas de hielo que no se han recuperado. De seguir así, los pronósticos nos dicen que esa zona del planeta puede quedar sin hielo antes de 2050.
Todo esto nos dice que las previsiones de reducción de emisiones de CO2 para 2050 no se van a cumplir, es más, han sido ya rebasadas y se cree que lo serán con creces antes de 2020. Esta dinámica nos lleva al peor escenario posible, al escenario de un aumento de la temperatura media del planeta para 2100 de entre 4 y 7º C, eso supondría la destrucción de la vida en este planeta tal y como la conocemos y como ha sido en los últimos 10 millones de años. Probablemente no se trate de la destrucción del mundo, pero sí de éste mundo y eso puede ser muy perjudicial para la pervivencia de la humanidad en el planeta. Nuestra especie requiere unas condiciones bastante improbables y las hemos disfrutado durante mucho tiempo. Ahora, gracias a la locura del sistema económico que nos subyuga, estamos al borde de la destrucción de las condiciones óptimas de vida del ser humano en la tierra. No podemos saber qué pasará, pero es evidente que lo que espera a las próximas dos generaciones no es nada halagüeño y todo por nuestra forma de vida, que no deja nada sin triturarlo en la máquina del consumo desaforado.

No nos cansaremos de denunciar esta situación, aunque sólo sea por tocar las narices, o como digo en plan sarcástico a mis alumnos: para que el día del juicio no podáis decir que ignorabais lo que sucedía. Entonces se os recordará que Bernardo os lo dijo. Si esto no funciona, entonces ni resucitando un muerto.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

"El trabajo de Dios"

El presidente de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, ha declarado que los bancos realizan el trabajo de Dios. No ha tenido ningún empacho en decirlo e incluso ha ido más allá al afirmar que la sociedad debería estar contenta de que los banqueros vuelvan a repartirse bonus, en su caso 13.000 millones de dólares para este año, justo el doble de lo que el estado americano les regaló hace un año para salvar la quiebra del banco. Como esto clama al cielo de todas las formas posibles que se mire, algún periodista le espetó si no le daba vergüenza lo que hacían y ahí fue cuando soltó la, dicen algunos, boutade de más arriba. No, no se trata de ninguna boutade, sino que es realmente lo que piensan muchos de los que dirigen las finanzas mundiales. Han sido educados en una moral de corte calvinista donde la prueba de la salvación personal reside en la posición social alcanzada: los ricos lo son por elección divina y su riqueza es la prueba irrefutable de su salvación; los pobres componen, pérmitaseme la licencia teológica, la massa damnationis, la masa de condenados de la tierra. La riqueza y la pobreza, piensan, no tienen causas principalmente históricas, económicas o sociales; para esta gente es Dios el responsable de la división social en el mundo y luchar contra esta división sería ir contra la mismísima voluntad divina. No se debe luchar contra la pobreza porque es el instrumento de Dios para discernir su salvación, se debe, en todo caso, acabar con los pobres que en su situación demuestran a las claras su estado de reprobación divina.

Estas declaraciones de uno de los responsables del sistema financiero mundial nos transparentan, de nuevo y abundando en lo que decíamos en el anterior post, la calaña del sistema económico y social que impera y nos impone, velis nolis, su modo de ver el mundo. Esta visión del mundo también tiene un componente religioso, porque la religión posee una función legitimadora de los distintos sistemas en los que se desarrolla. Y además de una religión, posee un dios, un dios que legitima la riqueza y los medios de obtenerla y conservarla, un dios brutal y asesino reflejado en el modelo social y en los seres humanos que lo dirigen. Frente a este dios, esta religión y este modelo social, hemos de rebelarnos, sublevarnos ante tanta injusticia y mentira. Porque el Dios que se nos ha revelado en Jesús de Nazaret lo ha hecho rebelándose contra la injusticia y la muerte de los imperios, desde Egipto, pasando por Roma y el actual Imperio Global Postmoderno.

"Bienaventurados los pobres porque seréis rentables"

El Wall Street Journal, en su edición en castellano del 6 de Noviembre, publica un artículo que no tiene desperdicio. En el enlace que relacionamos se puede leer el artículo (pinchar aquí) altamene recomendable si se quiere saber por donde van los tiros en la capital del capital del imperio. Andan cavilando cómo pueden obtener beneficios de nada menos que 4.000 millones de posibles clientes que se estándesperdiciando sin hacer nada y sin producir rentabilidad. Imagínense, ¡4.000 millones de clientes para una empresa!, sería fabuloso la cantidad de capital que eso puede producir. Pero hay un problema y es que no son, según sus propias palabras, un mercado, porque un mercado de consumo es "nada más y nada menos que un estilo de vida construido en torno a un producto". Los pobres no han sido instruidos para ese estilo de vida. Son tan torpes que ni siquiera sienten la necesidad de los productos que se les podrían vender, si tuvieran con qué comprar, pero claro ese no es el problema de las empresas. Para Wall Street el problema de los pobres es que no son un mercado de consumo; y su gran desafío es crear ese mismo mercado, para conseguirlo habrá que educar a las comunidades de la base de la "pirámide social" (así lo llaman en su jerga), de modo que se creen estilos de vida amoldados a los productos que las empresas venden, es decir, que hay que hacerles comprender que necesitan los productos para vivir y ser felices. En sus propias palabras: "las compañías deben crear mercados —nuevos estilos de vida— para los consumidores pobres. Deben hacer que la idea de pagar por los productos parezca natural, deben inducir a los consumidores a que incorporen esos bienes a sus hábitos".

Además de la obscenidad de la noticia y el cinismo con el que se expresan, el artículo, nacido en el corazón del capitalismo financiero, nos permite vislumbrar cuál es el verdadero peligro que se ciñe sobre el sistema: la sobreproducción y la hiperinflación. Si las empresas están buscando nuevos mercados es porque tienen un exceso de oferta debido a la gran liquedez con la que han inundado los mercados financieros. Esta liquidez puede producir a su vez y riesgo claro de hiperinflación porque hay mucho más dinero corriendo detrás de las mismas mercancías (así lo afirma la doctrina económica ortodoxa). La solución está en encontrar nuevos mercados o en reducir la producción y por tanto los beneficios. Como es obvio buscan lo primero, pero no es fácil encontrar nuevos mercados. En primer lugar porque los haítos occidentales no pueden consumir más, y en segundo lugar porque el planeta tiene límites y aún no se ha encontrado la forma rápida y eficaz de emigrar a otro. Por tanto, queda sacar rentabilidad a los pobres, pero estos no saben vivir en una economía de mercado. Ellos no necesitan tantos productos como nosotros, ellos todavía son seres humanos. La idea es destruirlos como seres humanos y formatearlos como consumidores. Del dinero no hay problema, se lo prestamos, a nosotros nos sobran papelitos de esos, pero nos faltan consumidores.

Bienaventurados vosotros los pobres porque aún sois seres humanos.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Evangelizar la crisis

Este miércoles estaré, Dios mediante, en Jumilla para dar una conferencia en las jornadas misioneras organizadas por las Misioneras Combonianas y José Luis Bleda, sacerdote en esa localidad. El ciclo de conferencias se enmarca dentro de unas Jornadas Misioneras y pretende tanto la sensibilización como la obtención de recursos. La conferencia que impartiré lleva por título "Evangelizar el mundo de hoy" y quiere centrarse en analizar la situación de crisis como una oportunidad para la construcción del Reino de Dios. Algo de lo que diremos allí queda expuesto en lo que sigue.
El análisis de la situación mundial debe ser acometido con la vista puesta en las consecuencias que hemos podido observar los dos últimos años pero que vienen configurándose en los últimos dos decenios y a su vez proceden de los dos últimos siglos, amén de los dos últimos milenios. Este proceso ha sido llamado de varias maneras, desde capitalismo financiero, a tercera revolución industrial (tecnológica), a capitalismo del desastre. Yo creo que la palabra globalización es mejor porque aglutina más realidades que las meramente económicas, aunque la economía es la predominante. El término nació precisamente como el eufemismo que impedía la utilización de la palabra correcta, capitalismo, pero hoy se convierte en el concepto nuclear que puede servir para pensar estos tiempos. Ahora que ya ha pasado de moda hablar de globalización y se vuelve al concepto originario, capitalismo, ahora, decimos, es cuando hay que utilizar con más interés si cabe el concepto de globalización. Mediante este concepto, nosotros queremos unificar en una misma conceptualización el proceso histórico mundial de los últimos cinco milenios. De esta manera, creemos estar en la misma línea de análisis histórico de los profetas de Israel, que tiene su continuidad en la literatura apocalíptica. Nos situamos de lleno en una tradición crítica pero cargada de esperanza. Crítica con un mundo que no se aviene a los parámetros queridos por Dios, pero que está llamado a ser esa realidad en la que el hombre puede vivir en el querer de Dios.

Nos vemos en las circunstancias de una crisis que algunos quieren que sea pasajera, una simple cuestión de reactivar las economías después del fuerte resfriado que han padecido. Incluso los hay que hablan de tsunami para referirse a esta realidad socio-económica, como si la naturaleza tuviera algo que ver en la organización que el hombre hace de su mundo. No, no se trata de un resfriado pasajero, sino de una verdadera metástasis del modelo de organización social, política y económica. La globalización, última hija del capitalismo más salvaje, llevó hasta el extremo las circunstancias en que se desenvolvía el mundo del siglo XX. Sus resultados, que expondremos en esta conferencia, son tres:
a) Extensión del modelo financiero al mundo entero mediante la desregulación de los mercados y de toda actividad económica.
b) Mercantilización de todas las dimensiones humanas: el hombre lleno de nada.
c) Agotamiento crítico de los recursos naturales e impacto ecológico devastador: la huella ecológica.
El cristianismo tiene que poder argumentar contra un mundo que sólo puede aportar muerte y destrucción, por ello debemos crear grupos de contraste que sirvan de palanca de cambio y de construcción de una realidad alternativa, la Nueva Creación que anhelamos y que debe ser construida con esfuerzo. No debemos confundirnos con la masa, está podrida y no podrá fermentar. Se necesita sustituir a la masa creando grupos que por contraste creen las condiciones para que el Hombre Nuevo alumbre la Sociedad Nueva.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Un año más... Un año menos.

Un año más y otro y... así hasta la eternidad. La reunión de Barcelona preparatoria de la de Copenhague el año próximo, ha decido que se dan un año más para alcanzar un acuerdo sobre las reducciones de gases de efecto invernadero. Esta es la enésima reunión en la que se decide no decidir nada, con lo cual el problema no deja de aumentar y las consecuencias probables se incrementan haciendo buenas algunas de las actuales películas más truculentas sobre el futuro de la humanidad.
Esta vez la táctica ha sido la de "lo tomas o lo dejas". Los países ricos, los más contaminadores y los que tienen la responsabilidad absoluta sobre la solución, han ofrecido a los países empobrecidos o emergentes un pacto cerrado al todo o nada. El pacto venía a decir más o menos que nosotros los ricos seguiremos contaminando lo que nos parezca y vosotros recibiréis algo de dinero para taparos la boca. Con buen criterio no aceptaron este acuerdo, vaya usted a saber si porque el dinero que se ofrecía no lo era directamente domiciliado en cuentas secretas en paraísos fiscales, lo cual es muy conveniente porque se ahorra tiempo y mucho dinero. Imagínense ustedes la cantidad de manos por la que tiene que pasar el dinero desde los países enriquecidos hasta llegar a los gobiernos de los empobrecidos. Cada mano exigirá ser suficientemente untada y luego están los intermediarios financieros y demás buitres. Es comprensible que no acepten el trato y pongan el listón más alto. Claro que para los países enriquecidos está bien que no se llegue a acuerdo y se demore otro año; es un año más para seguir como está la cosa, contaminando y embolsando las arcas; es otro año para conseguir inflar una nueva burbuja con los derechos de emisión de gases.
Esto del mercado del CO2 ya lo hemos explicado en otro post (Los beneficios de contaminar) y resulta el engaño que el capitalismo sabe hacer siempre para arreglar las cosas: convertirlas en capital. Cómo eliminamos el mal, se preguntan, pues convirtiéndolo en capital (¡Viva el mal, viva el capital!), es decir en posibles beneficios. De esta manera los gases contaminantes son otra oportunidad para ganar dinero, y más aún, para crear un mercado de bonos de emisión, como se hizo con las hipotecas subprime y se está realizando con los seguros de vida, o bonos de la muerte. Esta nueva burbuja se está inflando con todo ese dinero extra que los bancos centrales no paran de emitir y que tiene la virtualidad de realimentar la crisis contra la que supuestamente se imprimen. Con estas burbujas consecutivas se consigue drenar la ingente cantidad de liquidez que los bancos centrales proveen, aumentan la cuenta de beneficios de las entidades financieras y, no menos importante, mantenemos sonando la música de la flauta para que todos sigan como si tal cosa: comprando, vendiendo, engañando y robando.
Un año más todos contentos, otro año de ganancias suculentas, de reuniones opíparas con buen surtido de cheques, fiestas y agentes de compañía que hacen las delicias de todos esos que se reúnen a costa del erario público. Un año más... un año menos.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Tendencias mundiales 2025

En Estados Unidos existen las mejores mentes y los más afamados grupos de reflexión que permiten que el gobierno americano esté al cabo de la calle de todo lo que sucede en el mundo y de la interpretación que debe hacerse de ello. Existen think tanks para casi cualquier cosa que afecte a los intereses del país, desde el petróleo, pasando por el cambio climático, el precio de los alimentos, la estabilidad geopolítica y las predicciones sobre su propio papel en el mundo en el futuro. Este último es el caso del National Intelligence Council, un anexo de la CIA que se ocupa de elaborar informes avalados por los mejores expertos en política internacional sobre el papel futuro de Estados Unidos. El último de estos informes es el que podemos leer en su página web y que fue elaborado hace más de un año, cuando aún no había estallado la crisis financiera, pero sus predicciones son de lo más interesante. El informe tiene por título Tendencias Globales 2025 y analiza el papel que jugará su país de aquí a entonces en el marco de un proceso de crecientes modificaciones de los roles nacionales a escala global. La conclusión que se extrae de su lectura es bien sencilla: Estados Unidos seguirá siendo la potencia que domine el mundo en esa fecha, pero lo hará de forma mucho más atenuada que en la actualidad y compartiendo la hegemonía con otros actores que cita por su nombre, a saber: el BRIC, por un lado y Chindia por otro. Estos nombres son extraños, pero su significado es claro. BRIC es el acrónimo de Brasil, Rusia, India y China, y Chindia expresa la importancia de esos dos países tan cercano y semejantes en tantos aspectos.
El BRIC es importante porque controla grandes cantidades de recursos naturales y aglutina a la mitad de la población mundial. Además está intentando crear una moneda de reserva propia que tendría ese mismo nombre y que vendría a sustituir a un autodebilitado dólar. Chindia, por su parte, tiene la importancia de representar por sí sola a un tercio de la humanidad, una humanidad que está en vías de desarrollo y que representa el mayor potencial de crecimiento en todo el mundo. Es un mercado impresionante que está en condiciones de poner marcar el ritmo del crecimiento mundial en el futuro. Estos dos países, en estos momentos, acaparan la mitad de las nuevas prospecciones petrolíferas.
En fin, que el mundo de dentro de muy poco, según los que saben de esto, se va a parecer poco al de hoy día, siquiera porque nuevos actores están entrando con fuerza y la superpotencia de los últimos ochenta años está en vías de desaparición por su propios méritos. Sin embargo, dos cosas hay que tener presentes y que no están en el informe: por ningún sitio aparece Europa, la gran Europa, esa que tanto quieren construir y que se ha dedicado a las labores de mamporrería del imperio; y tampoco aparece la crisis, que no hará otra cosa sino acelerar este proceso que hemos reseñado, de modo que no será en 2025, sino mucho antes, quizás en 2015. Ya veremos, dijeron dos ciegos, ya veremos...

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Surfeando sobre la nada

Decía ayer Enrique Castro en la conferencia inaugural del ciclo de 2009 del Foro Ignacio Ellacuría, que la metáfora que hace unos decenios explicaba el sistema de disciplina del orden económico y social imperante era la del rompeolas, mientras desde los años sesenta en USA, los setenta en Europa y los ochenta en España es la de la tabla de surf.
Con la llegada de la sociedad industrial, el modelo de control de los individuos y sus proyectos de emancipación podía verse como un enorme rompeolas donde constantemente batían sin éxito los intentos de cambio o revolución. El hombre industrial no tenía más remedio que formar parte de la masa enorme de agua o lanzarse sin ninguna ilusión contra el muro de sujeción que ponía el "sistema". Hoy ya no es así, el modelo social de control y disciplina es más sutil; mediante la extensión del individualismo y la sociedad de consumo, cada cual vive en su propia tabla de surf navegando como puede en el enorme océano del "sistema". Cada uno a lo suyo, el sistema se asienta fuertemente en nuestras conciencias. Lo que primero fue un proceso disciplinario físico, se ha tornado espiritual. Esta es su gran victoria: ha inoculado en los corazones de los seres humanos el anhelo de vacío que reproduce sistemáticamente seres hueros sin ningún tipo de sueño y sin búsqueda de utopías. Es más, el hombre de la sociedad de consumo vive constantemente "marcado", las distintas marcas comerciales le delimitan el camino como se hace con los burros para que tuerzan el destino prefijado por el dueño. Ya no sabemos vivir sin logos, sin marcas en nuestras vidas; ya no sabemos, simplemente, vivir. Hemos renunciado "voluntariamente" a la existencia pura y simple, necesitamos "llenar" nuestra vida con cosas y cosas marcadas, que nos conecten con el logo de esta sociedad.

Esto mismo es lo que nosotros hemos llamado "el hombre lleno de nada", porque no se trata de que el hombre postmoderno esté vacío o sea inane, sino que está repleto, colmatado, de nada, de una enorme nada que da sentido a su existencia en el acto mismo de consumir y consumar su vida. El hombre lleno de nada no tiene ni anhelo ni utopía, es el pulgón inextinguible, el último hombre, el fin de la historia fukuyamiano.
El hombre, si es que ya se le puede seguir llamando así, de la postmodernidad capitalista occidental, navegando en su tabla de surf sobre las ingentes cantidades de cosas paridas por los despojos del planeta, vive a su aire, a su puta bola diría él si pudiera expresarlo, destruyendo el planeta a la vez que consigue aplazar un segundo más el tener que pensar en sí mismo. No piensa luego no existe y es feliz en su tabla de surf, en su huida hacia la nada de la que vive.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Existir cristiano

El cristiano no nace como tal al contrario que el judío o el pagano. El cristiano no es, existe; no tiene una esencia sino que su ser es existir como cristiano. Su existencia es su vida transfigurada. Esta vida es elegida, nunca impuesta, por la misma razón por la que no se nace cristiano. El judío o el pagano pueden renegar de su ser, pero seguirán siendo judío o pagano a pesar de su apostasía. El cristiano no puede renegar pues su esencia es su existencia, mas una existencia que se sabe en riesgo. Cada día ha de hacer su opción fundamental por existir cristiano, por transfigurar los acontecimientos de su vida, las dimensiones de su existencia y las relaciones que le hacen, de modo que se acerquen cada vez más a la Vida Plena, a la vida transfigurada. Ser cristiano es vivir cristiano, quien no vive como cristiano no lo es. Esta es la gran diferencia con el judío, éste sigue siéndolo aún no viviendo como tal, le viene en la sangre; y con el pagano: si éste no toma opción ninguna permanece pagano.
El cristiano no nace, pero tampoco se hace, es hecho. Lo que sí hace es tomar la opción de seguir viviendo cristiano, pero al cristiano lo hacen otros cristianos. Es decir, la comunidad de los cristianos que viven como tales una existencia transfigurada por el Espíritu. La vida del cristiano es en la comunidad y desde la comunidad, un cristiano solo no es un cristiano, podrá ser un sacerdote, un teólogo, un obispo o un santo, pero no es un cristiano. Ser cristiano es vivir en la comunidad de los cristianos, vivan aún esta vida o bien vivan la vida plena. Ser cristiano es vivir la (no en la) comunidad de los cristianos —Communio Sanctorum, dice la teología—. Esta comunidad no es de sangre, aunque eventualmente puedan darse lazos de sangre, es una comunidad de espíritu, de personas libres unidas por el Espíritu para transfigurar el mundo y la historia. Por ello, todos los acontecimientos de la vida de los cristianos están transfigurados, son transignificativos, apuntan a una u-topía eu-tópica, donde la totalidad se diversifica en una unidad plural.
Toda la vida de los cristianos está transfigurada, esto es, eucaristizada, hecha acción de gracias y ofrenda para que el mundo, la historia y el universo entero se consumen hacia su plenitud. Es así, que los cristianos no pretendemos perpetuarnos, ni individualmente ni como comunidad. En esto también nos diferenciamos de los judíos, ellos pretenden perpetuar el pueblo elegido hasta que venga el Mesías, así el pueblo será la garantía de que el mundo podrá acogerlo. Nosotros no queremos perpetuar sino consumar, llevar a su plenitud un mundo transido de dolor, sufrimiento, injusticia, pecado y muerte. Queremos que la creación entera dé su verdadera imagen, por ello pretendemos acabar con esta imagen deformada que grita con dolores de parto.

domingo, 1 de noviembre de 2009

¿Vivos o muertos?

No sé que medio de esos que se llaman católicos ha difundido que la fiesta de Halloween es una fiesta anticristiana y se ha extendido como un reguero de pólvora a través de todos aquellos adeptos a estos medios sin ningún tipo de capacidad de reflexión posible. Es más, cuando se intenta razonar se le mira a uno como si fuera un partidario de este tipo de celebraciones paganas y resulta imposible llegar a expresar con una mínima coherencia aquello que uno piensa. Esto es lo que más me preocupa, porque se reduce a las personas a meros repetidores de las opiniones que se vierten por medio de las ondas o en la red.
Personalmente no tengo ninguna querencia por esta fiesta, no la he vivido nunca como propia, pero sé que en países de tradición sajona tiene una raigambre consistente y los cristianos la viven como propia.
Se trata de una tradición ancestral que tiene que ver con el culto pagano a los muertos y que puede resultar muy interesante a nivel antropológico. Enfrentar la muerte como algo natural y como una compañera en nuestra propia vida es saludable a nivel psicológico y social, pero no es una fiesta cristiana, por eso nosotros celebramos el día de Todos los Santos y no el de difuntos. Pero se da el caso que, por una especie de pacto tácito, la gente sigue celebrando el culto a los muertos justo el día que la Iglesia celebra a todos aquellos que siguen vivos a la espera del día en que Dios haga nuevas todas las cosas, en que Dios sea todo en todos. Los cristianos no celebramos muertos sino vivos, no adoramos a un Dios de muertos sino de Vivos, porque es un Dios de la Vida y no de la muerte. Muchos siglos de tétrica adoración de la muerte y de los instrumentos de tortura de Jesús nos han devuelto al culto pagano, pero no debemos dejarnos llevar por ello y hemos de afirmar nuestro culto a la vida que tanto nos ha dado, como dijera la canción.

No se trata de luchar contra unas fiestas paganas para imponer otras no menos paganas, sino de transustanciar las fiestas "naturales" para transformarlas en fiestas del gozo de la vida y de la alegría por el compromiso por un mundo nuevo. Los que nos precedieron y los que vendrán después (Todos los Santos) forman una familia junto a los que aún caminamos por esta vida de compromiso y amor sin límites. Todos juntos formamos la familia de los hijos de Dios y esperamos la plenitud de los tiempos en que nuestros cuerpos gloriosos se unirán para formar el universo transfigurado de los cielos nuevos y la tierra nueva donde el mar ya no existirá.
Las celebraciones cristianas siempre son expresiones del amor que Dios nos tiene y que anticipan la alegría definitiva de la Vida plena de todas las víctimas de la historia. Quien no sabe vivir en esta vida está muerto definitivamente, y quien ha vivido el amor pleno nunca morirá. Esta es nuestra fe, esta es la fe de la Iglesia que profesamos en Cristo Jesús Señor Nuestro, no se trata de ninguna lucha por imponer modelos sociales, sino que es una Vida en el Amor.
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