domingo, 30 de agosto de 2009

Salvar a Patricia

Ha habido una noticia recientemente que da mucho que pensar. Una niña canaria, Patricia, sufre una extraña enfermedad (leucodistrofia) que en España no puede ser ni tratada ni diagnosticada. La única solución es ir a Francia donde se podría operar y tratar convenientemente. El problema, como siempre, es el dinero. La familia, como es natural, ha removido cielo y tierra para sacar la ayuda necesaria. La sorpresa saltó cuando en un programa de radio donde estaban exponiendo el caso, llamó un empresario para hacerse cargo de todos los gastos que genere el tratamiento y la estancia en el país vecino (sobre 700.000 euros). Al día siguiente este empresario, a preguntas del entrevistador, comentó: "yo voy a salvar a Patricia". Al indagar un poco más, sabemos que hace un año perdió un bebé de dos meses y que ahora quiere, por decirlo así, "salvar" aquella desgracia.

Me surgen dos reflexiones sobre este tema. La primera y más obvia para mí es la razón que impide que la Seguridad Social cubra esta enfermedad. Creo que el dinero no debe ser el criterio a utilizar y un sistema público debe ser para todos sin excepciones. Si para ello hay que subir los impuestos a quien sea, súbanse. Sólo hay que pensar que en España hay cerca de un millón de personas que disponen de más de un millón de euros. Exactamente esa gente posee el 50% de la riqueza nacional estimada en un billón de euros, no les pasaría nada si les detraemos un 1% de ese medio billón para sanidad. Ahora bien, lo que plantea más problemas es el hecho de que si no es porque ese empresario ha decidió poner su dinero (siempre injusto) en otro banco que según los Santos Padres da más crédito (la mano de los pobres es el banco de Dios), la niña quedaría resignada a un destino definitivo antes de lo que es normal para el resto de niños españoles. Se agradece la generosidad, pero una estructura política como es un país no puede estar a expensas de la generosidad de los ciudadanos.

Hay otra cuestión que es de más calado filosófico y teológico. ¿En qué medida se puede "salvar" a Patricia? Salvar es una palabra que tiene connotaciones muy profundas. Si se me permite hacer abstracción del caso concreto, nadie puede salvarse de la muerte, por tanto Patricia no podrá ser salvada. Sí podrá ser salvada de la enfermedad que sufre en este momento y ello nos provoca una alegría inmensa, pero el destino definitivo es la muerte y eso no lo puede evitar ni el dinero ni la buena voluntad ni el amor. Hubiera sido más correcto que este buen empresario declarara que salvaría a Patricia de la enfermedad, pero sus palabras destilaban el anhelo de plenitud que acompaña al hombre. No nos resignamos a nuestro destino y queremos que todo esto no sea el final; he ahí nuestra grandeza. Pero la verdadera salvación del ser humano está en la esperanza en un mundo nuevo donde reine la justicia y todas las patricias de este mundo puedan ser salvadas de su enfermedad; donde todos los niños coman tres veces al día; donde la explotación de los seres humanos deje paso al amor mutuo; donde, en fin, la naturaleza transfigurada se parezca a los cielos nuevos y la tierra nueva del Apocalipsis. Aunque ese mundo es hoy posible dado el desarrollo tecnológico, no se trata de hacer el mejor mundo posible, sino de hacer que este mundo sea un trasunto de lo que esperamos, como vemos en Mateo 25, 31 ss: "tuve hambre...; tuve sed...; estuve desnudo...; enfermo o en la cárcel..." Es el compromiso de cada cual con los hermanos lo que nos salvará a todos. No hay salvación individual si esta no llega a todos y a todo; hasta que Dios sea todo en todas las cosas (1 Cor 15, 28).

viernes, 28 de agosto de 2009

God Bless America

De Estados Unidos nos viene de todo; lo mejor y lo peor que podamos hoy recibir. Recibimos su arte y pensamiento postmoderno y desconstructivo que a unos emociona y a otros hace temblar ante lo que ven; nos viene lo mejor de la investigación científica y las más preocupantes iniciativas en ese campo; nos vienen los mejores descubrimientos del universo y los mayores peligros armamentísticos; nos viene, en fin, la imagen de lo que nuestra sociedad está llamada a ser, quiérase o no. ¡Ojalá que aquí aprendamos muchas de las cosas buenas que tiene el sistema estadounidense, una de las cuales es la libertad de crítica a su propio sistema y país! Digo esto porque hay una institución americana que hace alarde de libertad y transparencia en las informaciones que aporta, todas ellas contrastadas y fidedignas. Se trata de la George Washington University. Su web es una mina de información sobre muchos aspectos de la vida americana y su historia, también de los negativos. Ahí podemos acceder a los documentos secretos de la CIA que han sido desclasificados recietemente y que dan detalle de los actos de sabotaje y golpes de estado de USA durante el siglo pasado. También encontramos los informes sobre torturas practicadas recientemente por los interrogadores americanos a supuestos terroristas, con explicaciones pormenorizadas de los distintos sistemas de interrogatorio: waterbording, taladro, ducha fría y caliente, aislamiento sensorial, etc. Pero la información que ahora nos interesa es muy trascendente en los momentos que vive América Latina.

Se trata de un informe confidencial de la DIA (es la agencia estatal que se encarga del narcotráfico) de 1991 en el que se relaciona todas las personas que tienen que ver con el narcotráfico en Colombia y sus relaciones con la comercialización en USA. En este listado se especifíca sus relaciones mutuas y la posición que ocupan en los distintos cárteles de la droga colombianos. Se trata de una especie de quién es quién en el mundo de la droga colombiano. Allí están todos, absolutamente todos, incluido un tal Álvaro Uribe Vélez en el puesto 82 (como puede verse en el enalce y en la imgen del final del post). Sí, el actual presidente de Colombia, ese que acusa a otros de narcotráfico y que ha sido y no sabemos en qué medida no lo seguirá siendo, uno de los responsables de que los narcos pudieran campar a sus anchas en Colombia y exportar con suma facilidad la droga.

Es una información que ustedes no podrán obtener en los supuestos medios de comunicación habituales, porque el cerco de silencio en torno a la verdad del mundo es espeso y los intereses económicos priman sobre cualesquiera otros. Pero en USA, una universidad con un nombre emblemático, saca a la luz lo que todo el mundo debería saber antes de formarse una opinión sobre quién es quién en el mundo. Cuando fuerzas americanas van a invadir Colombia con el beneplácito de este delincuente y van a poner en peligro la paz en la zona, sería bueno que esto se supiera. Que nadie sea ingenuo y piense que los marines van allí a aprender lenguas y a entrar en contacto con los aborígenes, o a hacer turismo (lo que harían en todo caso como en la canción de Celtas Cortos: invadiendo un país). Las tropas americanas van a defender intereses estratégicos de su país. No es casualidad que en la zona exista la mayor reserva de biodiversidad del mundo, la mitad del agua potable que hay en el planeta y casi el 25% de las reservas de combustibles fósiles. Que cada uno piense lo que quiera y que Dios salve a América de los jinetes de la guerra.






miércoles, 26 de agosto de 2009

El valor de ser humano

Nunca como hoy ha estado en cuestión el valor mismo del ser humano; el propio ser humano es cuestionado desde varios ámbitos de la realidad social. La ciencia lo convierte en un animal de laboratorio para obtener los resultados requeridos; la economía lo interpreta como un productor y, sobre todo, un consumidor; la filosofía tiende a verlo como un fantasma que inquieta sus reflexiones; la religión, muchas veces por desgracia, lo reduce a un número en una estadística de prosélitos. Y el ser humano languidece por falta de situar su propio valor, aquella altura en la que estuvo encaramado, con un cierto aire de prepotencia, en los albores de la modernidad, allá por el renacimiento, cuando el hombre fue la medida de todas las cosas, de todo lo habido en el universo, de las cosas que son, en tanto que son, y de las que no son en tanto que no son.
Creemos imprescindible restituir al ser humano el valor de ser, si no ya la medida de todas las cosas, al menos medido con aquella medida que está en su origen: el amor incondicionado del Amador-a por excelencia. Con esta medida tendremos que el ser humano cobra su propio valor de Aquel quien es su origen. El ser humano, proviniendo de la Amador-a, es así amado-amante. Esta es la definición que queremos poner en el frontispicio de una reflexión creyente en tiempos de crisis. Si no somos capaces de dar al ser humano todo el valor que posee, difícilmente podremos plantear cualquier tipo de alternativa, creyente o no, a la crisis en que nos ha sumido la deriva postmoderna donde la globalización de la riqueza está intrínsecamente unida a la localización de la pobreza, o con el “palabro” acuñado por Zygmun Bauman: la glocalización.
Tendremos que ver qué resultados nos ha aportado la ciencia después de cinco siglos de revolución científica. Quedan ya lejos los tiempos en que la ciencia negaba a Dios y subyugaba el resto del saber humano bajo el imperio del conocimiento objetivo de los hechos. Hoy la ciencia es más “humilde” y se dedica a su verdadera función: servir al hombre mediante el estudio de los distintos ámbitos de la realidad natural, social y personal. Al cumplir esta función, la ciencia deja sus veleidades pseudofilosóficas y cumple con el refrán de zapatero a tus zapatos. Así la ciencia nos ayuda a situarnos en nuestra posición de mediadores de la creación. El hombre se ve a sí mismo como el punto central de un diálogo abierto entre el mundo natural y el espiritual, construyendo una realidad que va más allá de sí mismo y que lo abarca hasta el fin de los tiempos.
La filosofía y la religión tienen mucho que decir en este camino. Sin esas dos ramas del ser hombre sería imposible llegar hasta la cima del valor humano. La filosofía a modo de reflexión teórica que desbroza el camino que la ciencia ha ido marcando, la religión como práctica concreta de un modo de vida que está en el mundo en construcción. Las dos unidas pueden realizar un servicio impagable a la humanidad; pero ambas por separado son como zapatos sueltos en una zapatería, apenas tienen utilidad. Sin la filosofía, la religión se torna un conjunto de ritos sin más fuste que la repetición neurótica; sin la religión, la filosofía deviene una charla de café para eruditos del saber racional. Unidas, como lo estuvieron en su origen antes de los Platón y compañía, pueden ofrecer una vía de escape a este mundo en cierre por derribo.
El valor de ser humano está enraizado en su origen, pero debe desarrollarse mediante las prótesis que se nos han dado: la ciencia, la filosofía y la religión, en hermandad perfecta, en ayuda mutua. El hombre será entonces como Dios, sin atisbo de serpientes.

domingo, 23 de agosto de 2009

La ley del embudo

Quizás no sea el mayor problema en la perspectiva de las sociedades superdesarrolladas, pero el de la basura o residuos humanos, está a punto de convertirse en uno de los principales dolores de cabeza de todas las autoridades del mundo rico. Como se ha informado recientemente, se ha detectado un cargamento ilegal de residuos de todo tipo que fue descargado en puertos brasileños bajo la rúbrica de "material plástico para reciclaje". Dentro de los contenedores de "plásticos" se encontró baterías, preservativos, jeringas, bolsas de sangre y distinto material hospitalario y un líquido espeso, oscuro y pestilente que no se ha podido identificar. El material iba destinado a una empresa que "legalmente" lo había adquirido con el fin de reciclarlo. Lo que es evidente es que todo ese material acabaría en algún tipo de vertedero ilegal y enormemente contaminante. Las autoridades brasileñas han puesto las correspondientes multas y han elevado sus quejas a las multinacionales que están detrás de este hecho porque no quieren que Brasil sea considerado un vertedero del mundo.

Lo que no dijeron estas autoridades, pero se puede presuponer, es que no quieren que Brasil sea como otros países que sí se han convertido ya en el basurero del mundo rico. Una investigación bastante seria que concluyó en documental, dejaba bien claro que países como Gana se han convertido en vertederos "legales" de material altamente tóxico, especialmente material informático y de oficina. El proceso es en todo momento legal: una empresa con sede en un país desarrollado adquiere el material de oficina para reciclarlo, ésta lo vende a otra empresa que lo adquiere con el fin de realizar la operación en un lugar apropiado. Esta empresa lo transporta hasta ese lugar, que resulta ser Gana. Allí el material es amontonado en diferentes lugares donde un grupo de obreros especializados realizan la extracción de los materiales útiles como el oro y otros metales que llevan incorporados los equipos electrónicos, y el resto es destruido en condiciones ambientales adecuadas. Hasta aquí la historia que cuentan los papeles firmados. Otra cosa es lo que el reportaje nos ofrece: puede verse cómo los obreros especializados son las hordas de niños y adolescentes (como se pueden ver en la imgen que acompaña el post) que queman en hogueras improvisadas los equipos informáticos aprovechando el plástico que contienen. Tras la quema que libera una enorme cantidad de contaminantes al aire, se extraen los materiales útiles para venderlos, el resto se amontonan. Así es la vida de estas personas en medio de un enorme basurero.

No quiero saber qué sucederá con otros tipos de residuos con mayor capacidad contaminante, pero intuyo que el proceso es el mismo. Se trata de la aplicación de la famosa "ley del embudo" por la cual los países ricos se benefician de todo el desarrollo y riqueza que la globalización está produciendo y de la que cuatro quintos de la humanidad no se entera. Pero a la hora de cargar con las consecuencias de esa riqueza, y sólo debemos pensar en la cantidad de residuos que cada uno generamos cada día (2 Kgrs), las lanzamos en las espaldas de esos cuatro quintos que nada han sabido de la riqueza. Así es esta maldita globalización de la riqueza y localización de la pobreza. Lo bueno, si es que se puede decir eso, es que las consecuencias al final son planetarias y que va a revertir sobre los orondos opulentos aquello que están contaminando. No lo hará como debería, es decir, teniendo que cargar con su limpieza, pero sí lo hará indirectamente. Quizás sea la única manera de concienciarnos de la necesidad de avanzar hacia el decrecimiento económico, la reducción del consumo y una vida más acorde con el medio en que vivimos.

jueves, 20 de agosto de 2009

Inmortalidad natural

Ya hemos comentado algo sobre el libro de Vito Mancuso, El alma y su destino, y quiero profundizar algo más en él. Dije que me parecía un libro imprescindible y hemos de tomárnoslo en serio porque entonces cambia toda la concepción cristiana transida de un completo platonogticismo. Con este término me refiero a la doble vertiente en la que ha caído el cristianismo desde hace quince siglos. Por un lado en el peor platonismo, en aquel que deja la realidad material en un segundo plano disminuido frente a la realidad ideal. Esta visión del mundo dio a luz un pseudocatecismo que todo el mundo es capaz de reproducir sin equivocarse como esencia de la fe. Este catecismo del "platonismo vulgarizado" (Nietzsche dixit), contiene las verdades esenciales de un supuesto cristianismo: maldad de la materia, caída del alma, moral punitiva, dualismo antropológico, condenación definitiva, Dios sádico. Junto a este platonismo pervertido está el gnosticismo que defiende una salvación meramente intelectual e individual como trabajo esforzado del alma por conseguir desligarse del cuerpo.

Además de la crítica a cierta perversión del cristianismo y la subsiguiente reconfiguración del dogma, que Mancuso explica con absoluta claridad y no deja resquicio para ninguna duda (creo imposible rebatirle aquí), tiene otra aportación que, no siendo novedosa en sí misma, sí lo es en la exposición. Trata así el autor de dar fundamento positivo a su crítica, mediante una visión unitaria del proceso por el que el universo se crea y llega hasta la existencia del ser humano y la posible existencia más allá de la propia muerte. Aquí es deudor, como él mismo reconoce, de Teilhard de Chardin en especial. Habla Mancuso de cinco discontinuidades cósmicas. De las cuatro primeras no hay duda ninguna: el big-bang, el nacimiento de la vida, el surgimiento de la inteligencia y el nacimiento de la moral y la espiritualidad. La importante es la quinta discontinuidad que él propone: el paso a una vida más allá de la muerte corporal, a la inmortalidad del alma. Este paso estaría solicitado por la misma realidad del alma que llegando a la espiritualidad libre está postulando la necesidad de su misma continuación. Aquí hace el autor algo de lo que ha renegado a lo largo de todo el libro y es recurrir al Dios tapagujeros del que hablaba Bonhoeffer. Como esta quinta discontinuidad no puede ser fundada en la ciencia, ha de recurrir a otra dimensión (122). La teleología que ha impulsado la creación hasta nosotros, puede y casi debe llevar hasta la inmortalidad del alma para que esta misma creación tenga sentido. El mismo orden que se aprecia en el mundo material invita a pensar que ese proceso de ordenación de la energía nos lleve hasta otra vida más allá de la muerte. La inmortalidad no sería sino la conservación del orden energético alcanzado por el alma que en sí no es sino una ordenación de la energía que hay en el ser humano. El ser-energía y el proceso teleológico hacia una continua ordenación de la energía serían los fundamentos para creer en la inmortalidad de las almas que han llegado a tal nivel de orden.



El paso a la inmortalidad "natural" del alma, no cabría otra para Mancuso, está lógicamente enlazado con todo el proceso de evolución cósmica, biológica y cognitiva, pero creo que cae en aquello que quiere evitar. Cuando Mancuso recurre a la "necesidad" de inmortalidad que el alma está postulando, no deja de hacer otra cosa que manifestar un desideratum sobre el que sostener su afirmación. No creo que eso sea lo mismo que demostrar nada y mucho menos que esa inmortalidad natural sea lo que el cristianismo más originario postuló y debería seguir postulando. Pero esta reflexión quedará para otra ocasión.

martes, 18 de agosto de 2009

¿Quién nos vacunará contra la vacuna?

Una noticia muy inquietante ha saltado a los medios (alternativos) de comunicación: los fabricantes de la vacuna contra la gripe A han solicitado y obtenido inmunidad judicial en caso de ser perseguidos por las consecuencias de la misma, dado que no se van a realizar los test de seguridad que se recomiendan para cualquier vacuna. En realidad estamos ante una vacuna record, es la primera vez en la historia que después de siete meses de darse la alarma mundial por una epidemia tenemos la vacuna. Lo habitual son diez años, en algunos casos siete, pero nunca siete meses.

He expresado mi opinión sobre este asunto en tres post anteriores y no voy a insistir en la manipulación que se está llevando a cabo, pero creo que es muy preocupante, sobre todo para los que tenemos hijos a los que obligarán a vacunarse, el hecho de que quien fabrica la vacuna no sea responsable de los efectos que pueda tener. Si sucediera algo a un niño, y no dudo que esto pasará como con el virus del papiloma en Valencia, ¿a quién habría que demandar responsabilidades? Es evidente que al ministerio de Sanidad, por ser quien obliga, pero también a la OMS por montar este espectáculo ridículo que sólo busca engordar las arcas de las farmacéuticas. El problema reside en que no podremos perseguir a los creadores de una vacuna de la que no se tiene certeza de sus efectos.
Me temo que esta forma de actuar se está generalizando y que es la que veremos en el futuro: intimidar (aterrorizar) a la población con el fin de conseguir algún tipo de beneficio, sea económico o estratégico. Este acto de terrorismo sanitario, como cabría llamarlo, está predeterminado desde hace unos años. Eran clarividentes las declaraciones de un alto responsable de la producción de Tamiflu en Estados Unidos cuando dos meses antes de estallar el problema en México ya advertía de la posibilidad de una pandemia para la que la empresa se estaba preparando.

El estado de alarma social que vivimos, por ejemplo en España, es absolutamente artificial y no se corresponde con la realidad. La presión mediática, vaya usted a saber por qué oscuros motivos, se encarga de subrayar cualquier muerte por gripe A. LLevamos ya 12 muertos, muchos si lo consideramos desde el punto de vista humano, pero un número insignificante en términos estadísticos. Me gustaría saber el motivo por el que los medios de comunicación no dan la cifra paralela de muertos por gripe común. No dispongo de esa cifra a día de hoy, pero la anual ronda los 8.000 muertos, y nadie está alarmado por ello, no se piensa en vacunar a toda la población ni ninguna medida desproporcionada.

Personalmente considero alarmante el que las empresas que realizan la vacuna posean inmunidad ante los futuros efectos negativos. Eso sí que me causa terror, entre otras cosas porque las autoridades sanitarias nos obligarán a todos a vacunarnos, convirtiéndonos en conejillos de indias para el experimento a la fuerza. Si alguna vez un empresario de medicamentos tuvo un sueño en el que podía experimentar con humanos sanos, ahora se está cumpliendo y además sin ningún tipo de responsabilidad sobre las consecuencias. Eso sí, el dinero se lo embolsarán a raudales.

viernes, 14 de agosto de 2009

El manifiesto capitalista


"Panic is in the air", podríamos afirmar remedando la conocida canción, sobre todo tras conocer la publicación del Capitalist manifesto, el manifiesto capitalista que ha publicado uno de sus egregios voceros: Fareed Zakaria, el editor de Newsweek International. El título completo es "The Capitalist Manifesto: Greed Is Good (To a point)", lo que quiere decir “El manifiesto capitalista: La codicia es buena (hasta cierto punto)”. Lo primero que me chirría es la afirmación de que un mal como la codicia pueda ser un bien si tiene medida. Es como si dijéramos que el asesinato es bueno con medida o que la gula es buena con medida. Precisamente el bien está en la medida, si se tiene medida no se llega a la gula, ni al asesinato ni a la codicia. Por tanto, decir que la codicia es buena con medida es una idiotez o una contradicción, pues si tiene medida no es codicia y si es codicia no tiene medida, luego el que eso afirma es un idiota o bien, que este es el caso, pretende otra cosa, pretende engañarnos.

Porqué digo que pretende engañarnos, sencillamente porque el capitalismo no tiene ninguna medida y eso ha sido lo que lo ha puesto contra las cuerdas, en un punto de no retorno para él o para el planeta entero del que no se podrá salir de rositas, sea el capitalismo o el propio planeta tierra. Lo que define al capitalismo y es su esencia más profunda es la codicia sin límites, a esto se le ha llamado capitalismo salvaje, un eufemismo ideado por la socialdemocracia para pactar con un cierto capitalismo domesticado, sometido a las reglas de lo humano, capitalismo de rostro humano fue llamado también. Pero todo esto no son sino patrañas que esconden el verdadero rostro del capitalismo: es canibal. Es canibal porque engulle a sus propios hijos, sus ideólogos; lo es también porque acaba con la propia humanidad que le ha servido de sustento; lo es, por último, por que acabará en el autocanibalismo. Esta última es la fase en la que nos encontramos hoy, el capitalismo que se está canibalizando a sí mismo. Lo grave es que en todo este proceso se llevará por delante la vida en el planeta tierra, a no ser que hagamos algo importante pronto.

miércoles, 12 de agosto de 2009

El destino del alma

La lectura del libro de Vito Mancuso[1] resulta hoy inexcusable para cualquier alma que quiera ser cristiana y vivir en este mundo laico que se ha fraguado casi a contracorriente del cristianismo. Esta realidad no hay que justificarla en demasía puesto que aún vivimos, al menos en este país, las luchas entre el laicismo que quiere recuperar o mantener las parcelas de la realidad que considera enajenadas y donde se siente fuerte, y cierto cristianismo que se quiere verdadero pero apenas resulta fundamentalista y casi cómico. Por esta razón, el libro no sólo es útil, sino muy iluminador tanto para unos como para otros. Su fuerza estriba en saber situar cada cosa en su sitio y en no ir más allá de lo que dicta la recta razón. Es difícil atacar sus posiciones, y aún lo es más rebatirlas, pero creo que entre lo mucho bueno que hay en él también se encuentran algunas sombras que al que suscribe le crean cierta desazón, desazón que aumenta al no ver una respuesta definitiva a lo que creo que es la raíz fundante de la fe y la única respuesta posible a un mundo que se hunde por su propio pecado.
Creo que el libro tiene unos puntos fuertes que se compendian en la solución a las aporías que las ciencias plantean al dogma católico tal y como está planteado. Esta solución parte de una afirmación fundamental y es que los dogmas no son la verdad en sí sino expresiones más o menos acabadas de una verdad fundamental, de ahí la necesidad de seguir reformulando los dogmas. De lo contrario caeríamos en un literalismo dogmático muy peligroso que el cardenal Walter Kasper criticaba justamente en 1967 con una afirmación que hoy puede parecer escandalosa: “no creemos en dogmas, sino en Dios”[2]. Estos dogmas que no pueden ser sostenidos y que hay que replantear son el del origen divino inmediato del alma sin participación de los padres, el del pecado original como un estado de enemistad con Dios desde el nacimiento, el de la resurrección de la carne y el de la condenación eterna al infierno como estado insuperable. Según el autor, todos ellos contradicen lo que la ciencia nos puede decir hoy del hombre, pero también contradicen la razón misma y la más pura teología cristiana.
Contradicen la ciencia porque la existencia del alma y su origen hay que buscarlos en causas naturales, de lo contrario son muchos los problemas que habría que explicar, empezando por el de las personas que nacen directamente deficientes y continuando por aquellas que sin limpieza de ese supuesto pecado han llevado una vida que puede ser llamada santa. También contradicen lo que hoy se investiga sobre el cerebro, en especial las neuronas espejo, que parecen las responsables de lo que el hombre es filogenética y ontogenéticamente. Lo que llamamos alma está tan enraizada en nuestro cerebro que si extirpamos la región prefrontal ventromediana[3] se pierde la capacidad de tomar decisiones y prever nuestra vida, una capacidad que es indispensable para que se dé una vida humana verdadera. De la misma manera, lo que conocemos como alma, no sería sino una realidad potencial en el Sapiens y sólo puede desarrollarse con el contacto con otros, es decir, que necesita de cierta imitación, como reflejan las neuronas espejo. Si no vemos a otros hacer algo, no sabremos hacerlo; si no oímos hablar, no aprendemos a hablar; si no podemos hablar, no razonamos y perdemos la posibilidad de la realidad espiritual. Como se ve, todo nos conduce al surgimiento del alma desde la realidad natural, la acción de Dios hay que buscarla en las causas segundas, no en intervenciones directas que complicarían más que explicar el origen del hombre.
El libro de Mancuso es inagotable y hemos de volver a él para realizar una refundación de la dogmática católica. Aunque hay elementos de esta obra que no puedo aceptar, en conjunto es imprescindible para entender la fe hoy. Volveremos sobre él.

[1] Vito Mancuso, El alma y su destino, Tirant lo Blanch, Valencia 2009.
[2] Walter Kasper, “Geschichtlichkeit der Dogmen?” Stimmen der Zeit 179 (1967) 401-416.
[3] Cf. Antonio Damasio, El error de Descartes. La emoción, la razón y el cerebro humano, Crítica, Barcelona 2008, 53.

domingo, 9 de agosto de 2009

Balseros de la metafísica

Hace quince años, en 1994 y tras la caída del bloque soviético, se vivieron en Cuba momentos muy difíciles. La situación llegó a un punto en el que la población vivía con bastante ansiedad la crisis económica tan aguda por la que pasaba. En el marco de la lucha entre el régimen cubano y Estados Unidos se produjo la llamada "crisis de los balseros": miles de cubanos, mediante rudimentarias embarcaciones apenas servibles y realizadas con desechos, se echaron al mar para salvar la escasa distancia que les separaba del "paraíso" capitalista. Aquellos balseros huían de la ruina de un modelo de sociedad que les había dado estabilidad, pero se encaminaban hacia otro modelo igualmente amenazado de muerte, como vemos en la actualidad.
Este evento de los balseros me sirvió de imagen con la que ilustrar la situación de la filosofía en la época moderna: huyendo de un modelo inservible, se lanza en brazos de otro con poco futuro, de ahí que llamara a Inmanuel Kant y a David Hume los "balseros de la metafísica". Acaba de publicarse el artículo que recoge estas reflexiones en Estudios Filosóficos, revista de filosofía editada en Valladolid. Allí expongo mi visión de la metafísica como una necesidad humana, pero también la necesidad de modificar esa misma metafísica saliéndonos del paradigma dogmático. Esto mismo intentaron tanto Hume, el primero, como Kant, su deudor, pero ambos se quedaron todavía atascados en una visión cerrada de la humanidad y su mundo.

El problema central del hombre es el del conocimiento de sí mismo y del mundo, este conocimiento viene a ser la dimensión subjetiva complementaria de la dimensión objetiva: el problema de la verdad. Ambas dimensiones confluyen en la problemática radical y fundamental, para el hombre, de la búsqueda –otorgación, donación– de sentido en la existencia humana. El problema del fundamento –como vio Heidegger– es el problema cardinal del hombre y por ende de toda la filosofía, esto es, de toda la metafísica. Lo más probable es que la metafísica no pueda hallar nunca una definitiva respuesta a esta cuestión. Sencillamente por ser una tarea cuya raíz misma es el inacabamiento. Siempre está por hacer para cada generación y para cada hombre concreto, nadie puede escapar a esa «ciencia que se busca» y que busca la determinación de la existencia; la renuncia a la misma metafísica equivaldría a la renuncia a ser hombre.
El verdadero y único a priori en el hombre es la necesidad de la metafísica, el anhelo infinito de sentido, de comprensión, de orientación. Eso no se lo da nada de lo existente por sí mismo, sino que el hombre, los hombres, deben buscarlo para ser cabalmente hombres. Ni animales, con su mundo perfectamente estructurado de ante mano –a priori–, ni Dios, el absolutamente absoluto en sí mismo. El hombre es el ser que se busca, ahí tiene la huella de Dios marcada en sus constructos internos de forma previa a su existencia; su esencia es existir en búsqueda, un constante tender, un trascender. Eso es precisamente la metafísica: la huella de Dios en el hombre que anhela lo Absoluto.

Metafísica como facultad innata en el hombre, y metafísica como tarea a realizar para llegar a ser el que se es. Kant lo llama propedéutica o crítica, por un lado, y filosofía trascendental por otro. Hume le llama filosofía de la naturaleza humana. En el fondo ambas contienen la misma intención e intuición. Son un intento de encontrar el camino seguro para hallar el sentido de la existencia humana. Uno desembocará en el teísmo de mínimos que asegura un fundamento racional a la existencia; el otro en el teísmo moral que nos permite actuar con seguridad en nuestros actos; ambos, preocupados por el hombre concreto, apuntarán a un fundamento trascendente, pero ambos se quedarán a las puertas de una verdadera metafísica que pueda ser fundamento de una verdadera religión de la humanidad. Una religión a modo de "balsa" que nos saque de la inhumanidad reinante y ponga rumbo hacia una verdadera humanidad.

jueves, 6 de agosto de 2009

Sanar el mal

Que Jesús fue un taumaturgo es algo que alcanza hoy un consenso amplio. Hubiera sido muy difícil el impacto que tuvo si no fuera porque tenía esa capacidad de sanar a las personas que sufrían, pero es necesario establecer una diferencia entre curar la enfermedad y sanar el mal. Hoy, la medicina tiende a curar la enfermedad sin percatarse en ocasiones del proceso complejo que supone, no teniendo como objetivo sanar el mal. Mientras la curación de la enfermedad es un proceso individual entre el que cura y el enfermo, en la sanación del mal se ve implicada toda la sociedad. Sanar el mal implica curar las causas sociales de la enfermedad; por lo tanto cambiar la sociedad. Lo veremos claro con un ejemplo en el que nos podemos dar cuenta como de la diferencia entre curar la enfermedad y sanar el mal. Se trata de la película Philadelphia (Jonathan Demme, 1993) donde el protagonista, Tom Hanks, que trabaja para un prestigioso bufete de abogados, contrae el sida fruto de sus relaciones homosexuales. La enfermedad del sida era incurable en aquel momento, por lo que no se planteaba el problema de curar la enfermedad por ser imposible. El problema se refería a sanar el mal que estaba sufriendo el protagonista: al despido de la empresa por contraer el sida por vía homosexual se une la discriminación social. El mal puede sanarse aunque la enfermedad no pueda ser curada. El protagonista muere aunque el mal infligido ha sido sanado por la justicia, pero sobre todo por su pareja gay y su familia que le dan todo el apoyo, cariño y comprensión.
En esta distinción es donde nosotros situamos los milagros de Jesús. Nos interesa más la sanación del mal social y personal que lleva a cabo que la curación efectiva de las enfermedades. No negamos las últimas pero consideramos infinitamente más significativa la primera. Veámoslo con algunos ejemplos tomados de los evangelios que, puestos en relación con el contexto nos pueden iluminar sobre el significado que tenían los milagros de Jesús: su significado estriba en que la sanación es para cambiar la sociedad y no para reintegrar en ella al enfermo sin modificar nada. Lo importante en la sanación no es únicamente que se lleve a cabo, también el significado que tiene, en términos evangélicos en nombre de quién se hace. No es lo mismo la sanación en nombre de un reputado médico que en nombre de una sociedad mejor y más justa, como es el caso de Jesús, que lo hace en nombre del Reino: “si yo hago esto es que el Reino ha llegado a vosotros”. Por eso puede Jesús entablar una lucha contra el mal que se ha instalado en la saciedad y sanar ese mal desde su propia raíz. Para ello, Jesús exorcizaba los espíritus inmundos o demonios de la gente. En el caso de Mc 1, 24: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». El demonio se expresa en plural sabiendo que Jesús entabla una lucha contra ellos. Jesús les manda callar y les hace salir del hombre poseído. Podríamos entenderlo como unas voces internas que han robado la palabra al hombre y se han apropiado de él. Han sustituido su pensamiento, su habla y su ser por el de los demonios, es decir, lo han colonizado, esto significa socialmente la posesión.
Por tanto, hemos de sanar el mal antes que curar enfermedades, porque es el mal social el que ha colonizado las conciencias de los hombres y les impide vivir en un mundo de justicia, misericordia, paz y armonía con la naturaleza. Si no sanamos este mal de raíz nos veremos ante una situación límite en breve tiempo. Hemos de enfrentar el mal, como Jesús lo hizo, arrostrando el peligro de la cruz.

lunes, 3 de agosto de 2009

La barbarie racional

De verdad que hay poco que se salve en la parrilla televisiva. La basura aumenta al mismo ritmo que nuestra capacidad de tragar cualquier cosa y disminuye nuestro sentido crítico de la realidad. Cada vez tengo más claro que esto es un proceso buscado por los que rigen los destinos de la postmodernidad, pero a veces se salva algún que otro programa, como es el caso de la reposición estival de En Portada en RTVE2 este domingo. El documento analiza la situación de la explotación del coltán en el Congo, sobre todo en la región de Kivu, donde se han producido en los últimos años las masacres más horribles que el hombre haya podido realizar nunca. El corazón de las tinieblas de Conrad, debería ser reescrito para intentar comprender cómo en este mundo se puede llegar a tal nivel de barbarie racionalizada. Creo que esto es lo que define los tiempos en que vivimos, que la barbarie está perfectamente racionalizada por la lógica del mercado mundial. Se trata de una explotación de recursos naturales en una zona muy rica, organizada de forma perfecta por los distintos actores que se benefician de su comercialización.
Puede verse en este magnífico documental cómo sobrevivien las personas que están en esa región. Esto de ver es muy importante porque no es lo mismo ver por ti mismo cómo están las cosas que el relato. El relato escalofriante lo podemos tener en la web de solidaridad con el África negra, Umoya, pero ver el análisis que hacen las personas que allí están es muy instructivo. Lo es porque vemos el sufrimiento en primera persona y vemos la esperanza que aportan los que padecen la situación. Comprendemos la importancia de este mineral, el coltán, una mezcla de columnita y tantalita que tiene unas inmensas propiedades conductivas lo que lo hace muy apropiado para la tecnología punta. Ordenadores, teléfonos móviles, tecnología espacial… todo esto necesita coltán y este mineral es escaso estando el 80% del mismo en el Congo, de ahí la importancia estratégica de esta región y la necesidad de los actores internacionales de controlar la misma.
Imaginemos un Congo libre y fuerte capaz de controlar su producción de coltán. De ser así, el Congo sería uno de los países más ricos de la tierra y podría controlar la producción mundial de la alta tecnología. Esta realidad no es querida por nadie, ni por las multinacionales de telefonía, ni por los ejércitos de las potencias mundiales, ni por las empresas auxiliares, ni por nadie que sea algo en este mundo. Esta confluencia tan extraña de intereses, confluencia que no se ha dado nunca antes ya que siempre entraban en colisión los intereses de una potencia con los de otra, es la que explica los más de cinco millones de muertos, las violaciones a los derechos humanos y la persistencia de tal inhumanidad. Todos colaboraron para que en 1992 las tropas de Rwanda aniquilaran a más de un millón de personas en un mes: colaboró la CIA que puso la logística militar; colaboró Europa mirando para otro lado; colaboró China vendiendo un millón de machetes con los que se cometieron las atrocidades; colaboró Crédit Lyonnais que puso la financiación; y colaboró la ONU legitimando a la postre todo lo sucedido.
Esta es la lamentable realidad del origen de la barbarie. Pero no para ahí, para extraer el mineral a precios bajos que permitan vender móviles como pipas, u ordenadores a precios de risa, es necesario tener un ejército de trabajadores dispuestos a hacerlo por cantidades irrisorias. En el documental se explicaba muy bien: el estado de inseguridad que provoca la guerra y la existencia de grupos armados que campan a sus anchas, hace que la gente tenga miedo de cultivar la tierra o criar ganado, aunque lo hicieran serían robados y asesinados. Lo único que estas milicias permiten es el trabajo en la extracción del mineral, único empleo para millones de personas que deben realizarlo por casi cualquier sueldo. Esta realidad hace que el mineral deje muy poco dinero en el Congo, pero aumente los beneficios de los intermediarios, las milicias que a su vez son armadas por las potencias que negocian el coltán. Se cierra el círculo y vemos que lo sucedido en el Congo está perfectamente organizado por una faltal confluencia de intereses internacionales. El papel más denigrante quizás sea el de la ONU, denunciada por las ONGs como cómplice del tráfico del mineral y cooperador necesario en el crimen continuado que se está cometiendo contra esta población.
Viendo el programa comprendí que, para desgracia de la humanidad, los crímenes en el Congo terminarán cuando acabe el mineral, nunca antes porque la lógica del capitalismo es la extracción del máximo al mínimo coste, eso implica que todos los habitantes de la zona tienen que estar dispuestos a trabajar al precio que sea y para conseguirlo hay que tenerlos en una situación de absoluta indigencia. También comprendí que los que nos beneficiamos de ese mineral porque adquirimos aparatos que lo usan, somos tan cómplices como la ONU, sin nosotros los compradores no se podría justificar el crimen, aunque somos los últimos en la escala de la culpabilidad. La solución está en el cambio de modelo económico y social, de nada sirve ya la información y la concienciación, porque los seres humanos de buena voluntad se quedan perplejos y acaban afirmando su impotencia y nada más. Debemos forzar la caída del sistema y el advenimiento de uno nuevo, que los cristianos, con Jesús, llamamos Reino de Dios: “he venido a traer fuego a la tierra, y qué quiero sino que arda”, Lc 12, 49.
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