miércoles, 29 de abril de 2009

Esto me suena... mal.

Hace unos años vivimos la primera de las crisis globales de enfermedades. Se trataba de la gripe aviar, aquella que podía poner en riesgo a la población total del planeta y que causó una verdadera psicosis colectiva en grandes partes del planeta. Poco después sufrimos el ataque masivo del Síndrome Respiratorio Agudo (SARS). Ni la una ni la otra provocaron mayores muertes o pérdidas económicas que una de las enfermedades que más tiempo lleva afectando a los países pobres: la malaria. Esta sí que mata un millón de personas al año; las otras dos juntas, apenas llegaron a varios miles en total. Por tanto, la malaria sí debería ser considerada como una enfermedad preocupante para la humanidad, si no es así se debe al hecho de que se restringe a zonas cálidas donde se reproduzca el anopheles, el mosquito transmisor de la enfermedad. Curar esta enfermedad es costoso, por ello se han probado varias vacunas que, en la actualidad, parecen aportar esperanza de que se consiga controlar esta verdadera sangría del mundo pobre. El problema está en que los países pobres pueden pagar poco por la vacuna, de ahí que las grandes firmas farmacéuticas apenas han dedicado investigación para ello: no les resulta rentable.
En estos momentos estamos ante otra enfermedad que se nos presenta como una potencial amenaza global, la gripe porcina, procedente ahora de México. Se nos dice que el contagio entre humanos es bastante fácil y que sus consecuencias pueden ser preocupantes, pero con un buen tratamiento antiviral se soluciona. Esto incluye gastar mucho dinero, dinero que los países ricos pueden gastar en salvar su población, y dinero que irá a parar a las farmacéuticas que comercializan estos medicamentos. Si los posibles pacientes pueden pagar la factura del medicamento, a las farmacéuticas les resulta rentable investigar, todo lo contrario que ocurre con la malaria. Por esto mismo, siguen muriendo millones de personas por malaria mientras que por esta enfermedad apenas provocará unos cientos de muertos en países que no estén preparados con los medicamentos.
Aquí es donde está el núcleo de este problema. Si analizamos los datos de que disponemos, encontramos unas inquietantes casualidades que hacen que todo esto suene muy mal. La primera de todas estas casualidades es que el compuesto químico que combate eficazmente las tres enfermedades: la gripe aviar, el SARS y la gripe porcina es el mismo: fosfato de oseltamivir, comercializado bajo el nombre de tamiflú. Eso se debe a que el agente maligno resulta ser de la misma familia. La segunda de las casualidades es que este compuesto está desarrollado por una única empresa: Roche, que tiene la exclusividad de su producción en el mundo entero y que ha estado aprovisionando desde 2003 a los países que podían pagarlo, por si acaso era necesario, que lo es como se ve. La tercera de estas casualidades es que la patente la posee Gilead Sciencies Inc., propiedad de antiguos mandatarios de Estados Unidos, y caduca en 2016.
La última de las casualidades es que las tres enfermedades que se curan con el mismo medicamento han respetado un inquietante patrón de aparición: justo cuando las reservas mundiales del producto llegan al máximo, lo que está bien porque nos coge prevenidos. Si este patrón de comportamiento se mantiene, podemos prever una nueva enfermedad que necesite tamiflú para 2014, justo cuando pase esta, las reservas estén al máximo y quede poco para que expire la patente.

martes, 28 de abril de 2009

Platón para viejas

Me escribe un antiguo alumno que su profesor de filosofía les explica a Platón haciéndoles ver que éste tuvo que tener un enorme odio a este mundo cuando creó otro que era mejor que este y donde la realidad era plena y feliz. A continuación les dice que el cristianismo es lo mismo pero vulgarizado. Se trata de la tesis de Nietzsche de que el cristianismo es, si se me permite la expresión, un “Platón para viejas”, es decir, que el cristianismo ha aplicado y extendido el dualismo platónico llevándolo al sumum de la perfección.
Hay que decir que Nietzsche tenía razón, y subrayo el imperfecto de la forma verbal. Tenía razón entonces y hasta hace bien poco, porque el cristianismo ha sido explicado como una especie de negación de este mundo y un desprecio absoluto del cuerpo y las dimensiones del gozo y la alegría de vivir. El hic lacrimarum valle ha hecho más daño que todas las ostentaciones de la jerarquía eclesiástica. El desprecio del mundo ha llevado a muchos a un desprecio del propio cristianismo, pero esto se ha producido porque el cristianismo había sido infectado por el platonismo desde muy pronto y no supimos eliminarlo a tiempo. Es más, todo lo que hay en el cristianismo de platónico es anticristiano de raíz. El verdadero cristianismo valora el cuerpo, la vida y el contacto con lo material. Sólo así puede entenderse la Eucaristía y sólo así puede recitarse el pasaje del Credo en el que afirmamos esperar la resurrección de la carne, porque nosotros valoramos esta vida como la única vida real cuando es vivida como resucitados en Cristo.
Es una pena que todavía hoy demos pie a que muchos entiendan el cristianismo como una fe que se opone a la vida y al gozo de vivir. Comprendemos a aquellos que critican al cristianismo cuando este no cumple aquello que dice ser, pero también pedimos a esos tales que se informen en las fuentes que hoy están intentando poner al cristianismo al día, lo que es lo mismo que decir que lo están poniendo en la línea más tradicional, aquella que Jesús mismo inició. Jesús era un verdadero amante de la vida y de los hombres, especialmente de aquellos que sufren y que son víctimas de un mundo injusto. Su respuesta ante esto fue el compromiso hasta dar esa hermosa vida que el Padre le había concedido. Esa entrega la realizó en unas condiciones muy concretas: en una colonia del mayor imperio conocido hasta entonces, muriendo en la cruz como los subversivos del orden inmoral establecido por el imperio.
Aunque Nietzsche es admirable en muchas cosas, él nunca dio su vida por nada ni por nadie. Perdió la cabeza por no poder soportar aquello que vivía en su interior y que no se asemejaba a lo que vivía en su vida real. En el fondo, Nietzsche fue un perfecto platónico que ideó un mundo interior más allá de la pura realidad y en el que se evadió de ésta. Odió hasta el extremo la irrealidad de la vida y se sumergió en el océano de su propio psiquismo. Sin embargo, Jesús podría ser considerado el más perfecto nietzscheano que ha habido, porque fue fiel a este mundo al proponer otra manera de entenderlo que lo perfeccionaba. En palabras de Bloch: “sólo un ateo puede ser un buen cristiano, sólo un cristiano puede ser un buen ateo”. Nietzsche no fue ateo porque se propuso a sí mismo como Dios; Jesús sí lo fue porque no divinizó nada, ni a sí mismo.

lunes, 27 de abril de 2009

¡Goza hasta morir!

La sociedad administrada postmoderna se encuentra en una situación de disyuntiva absoluta. La única salida que tiene para autorreproducirse estriba en la disolución de los lazos que permiten existir al sujeto burgués moderno. Es una extrema situación paradójica. De un lado sólo puede existir tomando como base al sujeto producido por las revoluciones burguesas; por otro, su modo de continuar es destruirlo, administrando las pulsiones de los instintos y dejando que lo dominen. Esto está dando lugar a la aparición de un nuevo ser humano que se encuentra atrapado entre el mandato del goce irrestricto de los instintos –el ello freudiano– y la prohibición absoluta del otro social, fijado en la figura del padre –el superego–. De esta tensión nació el sujeto revolucionario burgués, mediante lo que se conoce como sublimación represiva. Es decir, que los instintos eran reprimidos por las normas sociales y esta represión sublimaba los mismos a través del arte, la ciencia o la cultura. De ahí el nacimiento de la sociedad, especialmente la moderna.
En la actualidad, el hombre postmoderno no está sufriendo el proceso de represión de los instintos y de sublimación de los mismos, lo que se conoce como sublimación represiva, sino que el actual proceso de socialización lleva a la desublimación represiva. Este concepto significa que los impulsos de la libido no son reprimidos con el fin de ser sublimados a través de la creación de cultura, sino que el hombre es reprimido con el fin de que se deje llevar de sus impulsos, de manera que no puede sublimarlos. Es decir, que la norma social ahora es la que impone el goce irrestricto de los instintos y esto impide el proceso de sublimación habitual que permite la creación de la cultura social. Hoy, quien no goza es un frustrado y un fracasado. La obligación no impide sino que obliga a gozar, de ahí la proliferación de innumerables utensilios y medicamentos que permitan al hombre postmoderno gozar al máximo de sus impulsos, sobre todo sexuales. La ingente cantidad de juguetes sexuales y de píldoras mágicas, están encaminadas a satisfacer la tiranía de los instintos. No sólo hay que gozar al máximo, sino que hay que hacer gozar al otro lo máximo posible, de lo contrario se frustra la orden y el hombre deviene un fracasado social.
Esta nueva realidad que viene fraguándose desde hace tres décadas, justo desde que el capitalismo empezó su resquebrajamiento, ha provocado que el hombre pierda su núcleo duro: una conciencia desde la que juzgar el proceso autónomo de su existencia. Ya no hay una instancia que le impida quedar atrapado en los instintos, porque la estructura normativa externa se ha convertido en el máximo tirano del hombre. Este individuo poco puede hacer contra los mensajes socializados postmodernos del máximo goce, ha sido eliminado lo que le hace ser sujeto, el yo, atrapado entre el mandato omnímodo del superego social, y los deseos arcaicos del ello instintivo. El hombre se está convirtiendo en una nada tensionada por dos vacíos. La imagen más impactante de este hombre postmoderno sería la retransmisión en directo en un gran centro comercial del acto impúdico de los ritos sexuales del Marqués de Sade. Aunque no creo que le vaya a la zaga cualquier spot publicitario de un perfume de moda.

Felicidad paradójica

Una de las consecuencias de lo que llamamos globalización ha sido el aumento exponencial del disfrute en una ínfima parte de la humanidad. Somos unos 1200 millones los que disfrutamos en todo el mundo de un nivel de vida más que aceptable y muy por encima de la media. Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, esa parte de la población mantiene altos niveles de vida y posee suficiente como para asegurar su futuro. De entre ellos, unos 300 millones mantienen un nivel de vida de despilfarro y un selecto grupo que no llega a los 3 millones no se molesta en pensar cuánto tiene, le es imposible calcularlo. Sin embargo, este nivel de vida no nos hace más felices, se da el caso de lo que Gilles Lipovetsky llama felicidad paradójica. Él lo expresa así: “cuando nuestro poder sobre las cosas sigue una curva exponencial, el que ejercemos sobre la alegría de vivir se estanca”. Dicho de otra manera, no por tener más somos más felices, al contrario, se produce una paradójica disminución de la alegría de vivir. Si puedo gozar de todo cuanto pase por mi cabeza, he perdido lo más importante del ser humano: el deseo.
Hemos podido constatar cómo los mayores índices de infelicidad subjetiva se encuentran en países donde se disfruta del máximo poder de comprar y, por tanto, de satisfacción del deseo. En Europa, Estados Unidos o Japón, encontramos un porcentaje muy alto de población que toman ansiolíticos y antidepresivos. Nos cuentan los psiquiatras que esto se debe a la falta de deseo vital, no hay nada que produzca verdadera pasión. Para que la vida tenga algún sentido, el deseo deber ser en cierta medida diferido. Si se satisface de forma inmediata, incluso antes de la posesión del objeto de deseo, entonces la vida como tal ha muerto y se torna una mera repetición monótona y rutinaria.
Orson Wells lo convirtió en arte en Ciudadano Kane. El magnate que todo lo había poseído, seguía aferrado a la satisfacción de un deseo infantil y muere con una palabra en la boca: rosebud. Esa palabra significa todo lo que él deseó de pequeño, su trineo, y que, al fin, no ha podido conseguir, a pesar de todas sus riquezas y posesiones. Es lo que Lacan llama el object petit a, ese objeto oscuro alrededor del que se construye la personalidad. El punto de fuga de una vida, el corazón del ser humano.
La verdadera felicidad se encuentra en el deseo de felicidad, cuando éste desaparece el hombre se ve alienado de su condición de buscador y se encuentra arrojado a un mundo sin más sentido que girar eternamente la rueda de la fortuna. Sin el deseo, el ser humano se ve empujado a la neurosis o a la depresión, es decir, bien sustituye su deseo por el del otro, o acaba en la frustración del propio deseo.

domingo, 26 de abril de 2009

¿Contra la pobreza?

¿Quién sería tan malvado de no estar contra la pobreza? Es evidente que todos los seres humanos de bien desean que nadie viva en situación de indigencia, pero no es tan evidente que estos mismos seres humanos se pongan de acuerdo en una definición de pobreza y en las causas que la provoca. Porque el problema central sobre la pobreza en el mundo radica ahí, en el análisis de las causas de la misma. Cuando se le preguntó a Rockefeller por las causas de la pobreza en el mundo, su respuesta fue un lacónico: “cuestión de mala suerte”. Si se pregunta a los neocons estadounidenses, y a sus acólitos europeos, dirán que es la voluntad divina. Si la pregunta la lanzamos a los pseudoprogres socialdemócratas, nos indicarán que es la falta de oportunidades y la ausencia de tecnología adecuada. Se trata siempre de lanzar balones fuera, la causa nunca radica en el modelo económico y social en el que vivimos, básicamente el capitalista, sino en la fortuna, la providencia o la ignorancia. Todos están embarcados en el mismo barco a punto de hundirse y no son capaces de buscar otro navío diferente, es el cierre del discurso, la imposibilidad de alternativas, como promulgó la pareja de moda de los ochenta: there is no alternatives, no hay alternativas al capitalismo.
Si somos capaces de hacer un análisis de estas causas, veremos que son muy variadas, pero coinciden en un punto focal: la riqueza. Hay pobreza porque hay riqueza. El resto de causas dependen de esta principal. Si tienen mala suerte los pobres es porque no se les ha dejado desarrollarse. Los grandes recursos naturales, es decir, las riquezas, están en países empobrecidos, porque las grandes empresas se los apropiaban favoreciendo guerras intestinas y dictadores sanguinarios. Si los desastres naturales se ceban en ellos es porque no tienen los recursos que se les ha expoliado para poder hacer frente y prevenir los riesgos. Si estos países intentan salir del subdesarrollo, cuando por ventura encuentran políticos honestos, entonces los organismos internacionales tales como el FMI, el BM, junto a las multinacionales y agencias de espionaje, ponen en marcha el plan de ataque, como nos ha revelado John Perkins en Confesiones de un gángster económico. Se pone en práctica el plan A, intentar sobornar y corromper a los políticos, ofreciendo fuertes sumas y privilegios en los países enriquecidos. Si este falla, entra en marcha el plan B, la contratación de chacales, para que lleven a cabo un magnicidio o pongan al país al borde de la guerra civil. Si esto tampoco funciona, se pasa al plan C, las instancias militares pertinentes toman cartas en el asunto. Antiguamente eran los marines: Panamá, Granada, etc. Ahora la OTAN y los cascos azules de la ONU.
No hay que luchar contra la pobreza, hay que luchar contra la riqueza. La pobreza puede ser el único medio de salir de esta crisis sistémica sin destruir el planeta. También es un don para el ser humano, incapaz ahora de vivir en lo esencial. La riqueza es el verdadero enemigo, hay que evitar esa lacra contra la humanidad, precisamente hoy, que Intermón Oxfam celebra la fiesta de la solidaridad. Todos los esfuerzos deben ir encaminados a la lucha contra la riqueza y a la concienciación de los seres humanos de bien. La solidaridad con el que sufre debe mantenerse, pero no se debe poner todo el esfuerzo en ello. Un paso dado en la dirección de acabar con el modelo económico que se basa en la producción de la riqueza, es mucho mejor que alimentar a un millón de hambrientos. Los cristianos perseguidos en el cristianismo primitivo sabían muy bien que no debían rendirse a la Bestia pensando que nada podría acabar con ella. La Bestia puede ser aniquilada.

viernes, 24 de abril de 2009

Una de piratas

En los últimos meses venimos asistiendo a una especie de inversión de la realidad en los medios de comunicación, tanto nacionales como internacionales. Nos cuentan una vieja historia de piratas, como las que hemos visto en las películas del género de hace unos decenios. Supuestamente, unos grupos de piratas que actúan por su propia cuenta, están asaltando barcos pesqueros, petroleros y yates de lujo en las aguas costeras jurisdiccionales de Somalia. Su acción se extiende dentro de las doscientas millas reconocidas internacionalmente como de derecho exclusivo del país costero, y llegan hasta las quinientas millas sobre las que se tiene derecho preferente. Estos piratas actúan sin ningún tipo de miramiento, tomando rehenes y pidiendo rescate por ellos. Los gobiernos de los distintos países con barcos en la zona han tomado la medida de defender a sus nacionales del ataque de estos nuevos piratas, para ello han enviado aviones y barcos de guerra, con el fin de patrullar y prevenir los ataques de los piratas. Hasta aquí la información que nos ofrecen, pero la verdad resulta ser de otro tono un poco diferente.
Ahmedou Ould-Abdallah es el enviado de Naciones Unidas a Somalia. Él nos cuenta otra historia. En los últimos años, después de que cayera el gobierno somalí y la zona quedara sometida a la lucha entre grupos rivales, todos ellos subvencionados por distintos países occidentales con el fin de controlar las zonas ricas en recursos del subsuelo o, incluso, la propia pesca, las costas de Somalia se han convertido en zona franca para la pesca. Cientos de barcos pesqueros de grandes empresas, muchas españolas, se dedican al saqueo constante de las aguas jurisdiccionales somalíes, sin ningún tipo de acuerdo previo al faltar un gobierno legítimo, y sin ningún tipo de compensación a la población. Estos barcos asaltan esos mares y se comportan como verdaderos depredadores, arrasando con los crustáceos y con el atún principalmente. Los pescadores somalíes han visto como su modo de vida se veía arrasado por la acción de estos pesqueros y muchos de ellos no han tenido más remedio, en palabras suyas, de tomar por la fuerza lo que se les ha quitado, algo así como un cobro de impuestos por haber esquilmado sus aguas y acabado con su medio de vida.
Sería muy bueno que nos hiciéramos preguntas tan obvias como ¿qué hacen barcos extranjeros en aguas de otro país sin permiso? ¿Consentiríamos nosotros eso en nuestras aguas? ¿Cómo es posible que buques de guerra españoles y de otras naciones puedan dedicarse a patrullar en aguas de soberanía somalí y utilizar la fuerza si es necesario? ¿Desde cuando España ha declarado la guerra a Somalía para poder enviar tropas a invadir las aguas de aquel país? ¿Cúando se ha producido el pertinente debate al respecto? Estas son algunas de las más obvias, pero la respuesta es la misma en todos los casos: los poderosos hacen y deshacen a su antojo, y convencen a la población con falsedades o mentiras. En el fondo San Agustín tenía razón: quid sunt regna nisi magna latrocinia?. Lo que en traducción libre significa: qué son los estados sino unos grandes piratas.

martes, 21 de abril de 2009

Inmor(t)alidad

Decíamos que la mortalidad nos hace morales, porque convierte nuestras decisiones en algo definitivo e importante, si no tuviéramos conciencia de la muerte, tampoco seríamos morales. De ahí que nos plateemos si la inmortalidad puede tener varias dimensiones. Bien es sabido que todos los pueblos han anhelado algún tipo de inmortalidad y de ahí han configurado muchas de sus tradiciones religiosas. Poder vivir más allá de la propia muerte ha sido un deseo de muchos hombres y la literatura está llena de ejemplos, todos ellos castigados por pretenciosos. Recordemos a Morfeo o a Dorian Gray. Pero es una ambición, por decirlo así, de las tradiciones culturales nacidas al calor de sociedades opulentas, o donde la opulencia podía ser disfrutada por unos pocos. El mayor deseo de alguien que lo tiene todo en esta vida es conservarlo, de alguna manera, más allá de su propia muerte. Aquí nace el anhelo de inmortalidad.
Los distintos modelos de inmortalidad que se han propuesto a lo largo de la historia humana se pueden reducir a dos básicos. El primero es el modelo de no muerte. Se trata de encontrar un medio para no morir, sea por la conservación de la propia vida o por apropiación de otras. En este modelo siempre hay algún tipo de pacto con las fuerzas oscuras que gobiernan la muerte y siempre acaba mal. El segundo es el modelo de inmortalidad de un principio no físico del hombre, el alma. Este modelo tiene dos variantes interesantes: la primera como una serie constante de reencarnaciones que permiten al ser concreto volver una y otra vez a la vida, sea para bien o para mal; la segunda, la más extendida de todas, es la de la inmortalidad del alma y su pervivencia en un mundo no físico donde el disfrute de lo obtenido en la vida se haría de forma espiritual o trascendente, es donde no se pudre nada y todo permanece eternamente. Este modelo de inmortalidad exige que el hombre, y se entiende por hombre el alma humana, porque su ser corpóreo no le es esencial, no muera. Únicamente desaparece la parte de él atada al mundo físico. En realidad se niega la muerte. No hay muerte si lo que constituye al ser humano, su alma, no muere. Aquí es donde está el problema.
Si no hay muerte real, si solo es un tránsito, mera apariencia de muerte, entonces el hombre puede hacer en vida como si no fuera a morir. Puede tomar decisiones que nunca son definitivas puesto que la muerte real no lo alcanza y, a fin de cuentas, tendrá toda la eternidad por delante para hacer y deshacer. Esto enlaza con el post anterior. Si el hombre, o alguna parte de él, es inmortal, entonces resulta que es inmoral, que no tiene que decidir y que no es libre para construirse a sí mismo en sus decisiones. Justo lo que vemos en la post (o hiper) modernidad: el hombre, que se cree inmortal por no ser consciente de su ser mortal, resulta inmoral. Es la inmor(t)alidad tan anhelada por muchas religiones y culturas.
En estas fechas celebramos la Pascua de Jesús. Los que vivimos esta realidad pascual, entendemos que nada tiene que ver con un anhelo de inmortalidad. Jesús vivió y murió de verdad y plenamente, y sólo por eso pudo ser resucitado por Dios. Su resurrección no es un modelo más de inmortalidad. La resurrección es la vida transfigurada, recobrada por el amor de Dios. La resurrección no es inmortalidad sino Nueva Creación, don gratuito de Dios que conserva en su memoria a los justos –a lo justo–, lo que es lo mismo que decir que conserva en sí mismo al ser humano entero. De lo contrario, el cristiano sería el peor de los inmorales; como un jugador de cartas que se sabe ganador al llevar un as guardado en la manga. El deseo de inmortalidad da la razón a Nietzsche, la resurrección a Jesús.

lunes, 20 de abril de 2009

Mor(t)alidad

Dice Heidegger que el hombre es el único animal mortal porque es el único consciente de su propia muerte, el resto de animales simplemente se mueren, pero no son mortales. A partir de ahí, establece el filósofo alemán una estrecha relación entre el lenguaje y la muerte, las dos características que diferencian al homo sapiens del resto de animales. Giorgo Agamben pudo escribir su El lenguaje y la muerte, a partir de estas palabras de Heidegger. Creo que esta relación es tan estrecha que debemos avanzar algún punto más. Entiendo que la característica esencial del ser humano es su mortalidad, el saber que tiene que morir y eso le hace de muy distinta manera a como podría ser una vida sin esa conciencia.
La mortalidad implica que nuestras acciones vitales tienen un plus de importancia, sencillamente son irrepetibles. Las decisiones fundamentales de la existencia no pueden repetirse a placer, el devenir de los años cierra puertas definitivamente y sella caminos que otrora pudieron estar entreabiertos, pero lo hace porque ese devenir se encamina hacia un fin, completo y definitivo. La mortalidad nos obliga a tomar decisiones definitivas, en las que nos jugamos todo nuestro ser. No se trata de una mera conciencia trágica, sino que el ser humano debe decidir, debe tomar opciones y desechar otras. Pero la mortalidad no implica, necesariamente, la conciencia de la muerte. Precisamente en la sociedad postmoderna, como hemos visto en otras reflexiones anteriores, lo que se ha producido es la pérdida de esa conciencia de la propia muerte o, al menos, la postergación definitiva de esa conciencia.
La pérdida de la conciencia de la condición mortal, lleva a la pérdida de otra de las dimensiones esenciales del hombre: la libertad. Sólo si soy consciente de mi limitación puede decidir en absoluta libertad. Enorme paradoja ésta: soy libre cuando soy consciente de que estoy limitado. Sólo si soy mortal soy libre, porque entonces la muerte se torna la condición de posibilidad de toda elección válida y definitiva. Si creyera en serio que no voy a morir, si la muerte no está en mi ámbito de reflexión, entonces cualquier decisión es tan válida como cualquier otra, cualquier acto es tan aceptable como cualquier otro. No tendría ningún valor estudiar o formarse, trabajar o enamorarse. Tener hijos no dependería más que de una mera cuestión de azar. Las decisiones importantes que hacen de la vida una realidad coherente, dejarían de tener valor. ¿Qué importancia tendría, de no ser mortal, ser honesto, responsable, cabal, auténtico o, simplemente, sociable? ¿Para qué tendría yo que tomarme en serio mi vida, si de ello no depende que esta sea mejor o peor, si no puedo morir?
He aquí el paroxismo de la paradoja, la mortalidad nos lleva inexorablemente a la moralidad. Somos seres morales y, por ende libres, porque somos mortales. El tener que morir nos empuja a tomar decisiones, a ser libres, pero a hacerlo en la perspectiva constante del fin perentorio de nuestra existencia. Es, por tanto, la mor(t)alidad la que nos hace hombres. Somos morales por ser mortales, porque tenemos conciencia de nuestra propia muerte. Aunque en la sociedad postmoderna (hipermoderna llaman algunos), esta conciencia se ha atrofiado y cada día se vive como si fuese eterno, desandando el camino evolutivo que ha hecho de nosotros unos animales mortales, es decir, conscientes de su propia muerte. ¿Volveremos a ser inmortales, por inconscientes? ¿Seremos inmorales?

domingo, 19 de abril de 2009

¿Molinos o Gigantes?

Sigueindo con Don Quijote y la actitud quijotesca. Hay un pasaje más conocido aún de esta novela tan leída, se trata del episodio de los molinos de viento en el capítulo 8. Ahora lo podemos leer como una metáfora de la globalización postmoderna y del compromiso por su conversión a la justicia y la misericordia. Cuando Don Quijote ve aquellos molinos que en la Mancha servían para la molienda de los cereales y centralizaban el monopolio de la harina, base de la alimentación humana en la época, inmediatamente comprende que aquello no es lo que todos ven sino que se trata de una realidad que oculta una verdad. La realidad, contra la que se estrellará, como siempre nos pasa, es el molino que convierte en harina todos los cereales y legumbres. Pero la verdad es muy otra. Sancho Panza apenas puede ver más allá de sus ojos y hace gala de altanería cuando le recuerda a su amo que son molinos y lo que se mueve son las aspas azuzadas por el viento. Como es notorio, el Caballero de la triste figura ve enormes gigantes que con sus brazos intentan amedrentar al valiente que los reconoce y los reta. Ante la insistencia de su escudero, Don Quijote arremete contra los gigantes y se da de bruces contra los molinos.
La realidad estaba de parte del escudero, eran molinos y bien duros, pero la verdad sólo la conocía quien estaba poseído por la pasión por las víctimas. Los molinos de viento representaban la estructura monstruosa por la que los potentados monopolizaban la producción del sustento y se quedaban con la mayor parte de lo producido. Es decir, eran gigantes que engullían el producto del trabajo de los campesinos. Por ello decimos que la razón estaba de parte del iluso caballero: un genio maligno transmuta, a los ojos de los hombres, la verdad de injusticia en una realidad natural que todos han de aceptar.
Lo que hoy llamamos globalización no es sino ese mismo hechizo de lo real con el que los hombres ocultan la verdad. La injusticia toma el nombre de realidad y la verdad parece un sueño quimérico de algunos ilusos que no comprenden cómo es el mundo, unos pobres diablos cargados de utopía pero equivocados en sus actos. Por eso necesitamos una actitud quijotesca ante la realidad, así podremos descubrir la verdad que se oculta. Si hace cuatro siglos la novela hizo el trabajo que la religión había abandonado, descubrir la verdad tras la realidad, hoy la religión es la que puede hacer el trabajo que la novela no hace, que en el fondo es su propio trabajo. Se trata del trabajo por descubrir el enmascaramiento de la injusticia global.

viernes, 17 de abril de 2009

Evangelizar en la sociedad postmoderna


Mañana estaré en Granada para hablar de la evangelización en la sociedad actual. Son las jornadas de formación misionera en la diócesis de Granada.
A lo largo de dos sesiones muy apretadas intentamos ver cómo es este mundo que tanto está cambiando y que gime con dolores de parto. Hemos de abordar la crisis sistémica global en la que llevamos sumidos mucho más tiempo del que quieren hacernos creer los que gobiernan este mundo. Seguidamente abordamos el papel que está jugando y que puede jugar la religión, sea como legitimación del modelo económico-social vigente o como crítica profética. Por último, hicimos una propuesta para salir de esta situación. Necesitamos un éxodo que nos lleve hacia una nueva dimensión humana que no podrá ser ya “moderna” pero que sí deberá asumir los bienes que aportó la modernidad, de ahí que le llamamos transmodernidad. Se trata de pasar más allá de la modernidad hacia una unidad del género humano en perspectiva dialógica, integrando la riqueza humana que es un reflejo de las maravillas que Dios ha derramado en su creación. Un segundo momento es el de la reflexión propiamente cristiana. Hemos de volver a cuestionarnos todo lo que es el cristianismo. Se trata de un momento crítico, de juicio de lo que supone un cristianismo enraizado en sus orígenes, es decir, en el Evangelio del Reino de Dios, que no es sino un proyecto de política radical para un mundo en descomposición y para una naturaleza amenazada de muerte. Se hará necesario establecer unos criterios para la creación de grupos humanos de contraste con el Imperio Globlal Postmoderno. Por último, queremos entender este proceso de reflexión como una contribución a la Nueva Creación de la que hablara Pablo y que nace en la Pascua de Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios Vivo.
El Evangelio entero es una apuesta por un mundo nuevo, por una Nueva Creación en la que el ser humano en comunión con la naturaleza, será reconstituido por Dios en el momento adecuado. Esto empezó a vivirse con la Resurrección del Hijo de Dios. La Resurrección de Cristo supone el comienzo de la Nueva Creación que predicó Pablo y atraviesa como un río de fuego el Nuevo Testamento hasta confluir en el estuario del Apocalipsis. De la misma manera que la resurrección supone la muerte, también supone la transformación. El mundo entero debe ser transformado con el fin de que refleje la grandeza de aquél que lo crea y recrea en su amor constantemente. Lo viejo pasará y lo nuevo será como un nuevo día. El cielo nuevo y la tierra nueva de la que habla el Apocalipsis y que será vivido por aquellos que han lavado sus vestiduras en la sangre del Cordero. Esta Nueva Creación futura se está viviendo aquí ya en los que ponen su vida en Cristo. Vivir como resucitados es construir el Reino de Dios en medio de un mundo de prevaricación y muerte. Vivir como resucitados es ser transformados por el amor que Cristo ha derramado en su Iglesia, es vivir en comunidades que practican el amor transformador de la realidad. Esta transformación implica una Nueva Vida que es la primicia de la Nueva Creación que Dios está preparando para cuando Dios sea todo en todas las cosas. Esta Nueva Creación es la garantía del Evangelio del amor en el que muchos ya han muerto con la esperanza en la Resurrección de los muertos, cuando Dios cree unos cuerpos adecuados a la nueva realidad, a partir del recuerdo amoroso de los que le amaron. Porque Dios mantiene vivo en su memoria al justo, de ahí lo resucitará el día del juicio.
Nuestra propuesta es crear grupos de contraste donde se tiene que vivir estas características: 1. Comunión de bienes, donde nadie considere suyo nada de lo que tiene. 2. Pobreza elegida como signo del Reino de Dios y lucha contra pobreza forzada, signo del pecado de este mundo. 3. Renuncia a la sociedad de consumo y a sus instrumentos.

jueves, 16 de abril de 2009

Actitud quijotesca

Miguel de Cervantes, acusado de marrar en la fe, escribió en el Quijote un episodio más de la Biblia. En los capítulos 48 y 49, nos narra cómo era llevado el Hidalgo infelizmente enjaulado hacia su pueblo, para ver si allí volvía en su cordura. Le acompañan el cura y el barbero, junto con su escudero. En la conversación, el caballero andante quiere hacer entrar en razón a Sancho, explicándole que aquello era un encantamiento muy poderoso por el que no podía salir de aquella jaula. Sancho insiste en que aquello no es un encantamiento y como prueba le hace ver que vienen con ellos el barbero y el cura. Eso fue lo único que le bastaba saber a Don Quijote, era la prueba definitiva de que allí había un encantamiento muy poderoso. ¿Cómo tan buenas personas iban a consentir que él se viera en esas circunstancias? Debía ser que no eran ellos mismos sino otros con su apariencia. Sancho vuelve a insistir y el pobre caballero termina por argumentar: «yo sé y tengo para mí que voy encantado, y esto me basta para la seguridad de mi conciencia; que la formaría muy grande si yo pensase que no estaba encantado y me dejase estar en esta jaula perezoso y cobarde, defraudando el socorro que podría dar a muchos menesterosos y necesitados que de mi ayuda y amparo deben tener a la hora de ahora precisa y extrema necesidad». Si Don Quijote no puede salir de la cárcel en la que está su conciencia es por un encantamiento, por sus fuerzas saldría de cualquier jaula para desfacer entuertos y socorrer a las víctimas. Si no lo hace es porque las fuerzas demoníacas se confabulan contra él.
Según Don Quijote, el socorro a las víctimas es la tierra firme de su conciencia, es su deber y su propio ser. La pasión por el otro sufriente, la conciencia del sufrimiento ajeno, es la verdad del yo y no la autoconciencia pensante cartesiana que niega la existencia de los otros mientras el cogito no se la otorgue. En Cervantes el yo nace de la conciencia de culpa ante el otro sufriente; en Descartes, que es tanto como decir en el mundo actual, el yo nace de la negación del otro y de lo otro. Lévinas, que nos ha regalado esta referencia al Quijote, nos indica cómo salir del laberinto de incerteza del que la modernidad, representada por Sancho Panza, no puede salir. La única vía de salida, el único éxodo es la voz de los afligidos.
Llamamos a esta forma de ser en beneficio de las víctimas actitud quijotesca, porque fue en esta rica tradición hispana, donde se fusionan lo cristiano con lo judío, la teología con la política y estas con la compasión más humana posible. Es una actitud esencialmente antimoderna, porque no nace de la propia conciencia, sino de la conciencia del sufrimiento del otro, muy al contrario que la modernidad cartesiana que parte del yo pensante y niega a los demás ese mismo ser que se arroga para sí mismo. Esta actitud quijotesca puede ser un buen vehículo para salir del marasmo postmoderno y pisar la tierra firme del desvalido, del oprimido, de los humillados y ofendidos que dijera Dostoievsky. En esa línea, podemos recuperar lo más humano que hemos ido perdiendo en todo el trayecto postmoderno. Actitud de quijotes que niegan una realidad que permite el sufrimiento impune del otro.

miércoles, 15 de abril de 2009

La religión: el hilo de Ariadna


La religión puede ser el hilo que Ariadna entregó a Teseo para salir del laberinto que Dédalo había construido para Minos y en el que residía el Minotauro, un ser monstruoso que necesitaba sacrificios humanos constantes para vivir. Este mito, como todos los mitos, pretende desvelar la verdad última de la realidad humana. El ser humano se encuentra sometido a fuerzas que le impiden vivir humanamente, sólo mediante el esfuerzo por acabar con el monstruo se puede encontrar la vida plena. El mito actúa de catalizador de los esfuerzos humanos, dando una explicación que libera de la mentira.

Tras el mito del Minotauro se esconde una verdad liberadora. Los atenienses, sometidos a Minos de Creta, debían servirle con sus bienes y personas de forma onerosa. Teseo, hijo de Egeo, decide acabar con esta situación. Para ello debe matar al Minotauro, símbolo del mal que se ejerce contra Atenas. Recordemos que el Minotauro es fruto de la maldición de Poseidón que hizo parir a la mujer de Minos un monstruo por no haber cumplido con su palabra de devolver el toro blanco para el sacrificio. Nos indica este mito que cuando los hombres no cumplen con el don y no devuelven lo que se les ha dado, considerando como propio lo ajeno, entonces nace el peor de los males: el egoísmo, el odio al otro y el ensimismamiento. Este mito griego narra el nacimiento de la estructura social de opresión e injusticia, la madre de todas las estructuras posteriores hasta la globalización actual. Hoy, unos cuantos cretenses seguimos necesitando del sacrificio constante de millones de vidas para que nuestro monstruo interior, el consumo, pueda seguir existiendo.

lunes, 13 de abril de 2009

Matar al mensajero

Lo peor que tienen las profecías es que tienden a autocumplirse. Si nos empeñamos en algo acabará cumpliéndose inevitablemente. Lo del cambio climático va por este camino. Son ya más de diez años en los que el cambio climático está en la agenda de todos los gobiernos y organizaciones internacionales. Desde que el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático del año 2000 pronosticara un aumento de la temperatura media del planeta para fin del siglo XXI de entre 2 y 4 grados centígrados, todos los países aprovechan cualquier evento, también las citas electorales, para hacer propuestas que impidan ese aumento. Entre otras cosas porque ese aumento implicaría un cambio en los patrones de comportamiento del clima que no podemos ni siquiera prever. Se ha incidido en que es muy probable un aumento del nivel del mar que podría llegar a 40 cms y una disminución global de las precipitaciones que tendría diversos efectos dependiendo del lugar. Si nos fijamos en las zonas muy lluviosas del planeta, habría una disminución, pero en la zona mediterránea, por ejemplo, se estima un aumento de la pluviosidad acompañado de episodios de gota fría.
Pero las intervenciones de los gobiernos se quedan en meros deseos, con enunciados hipotéticos o a muy largo plazo. Ahora bien, un signo de que se toman en serio los efectos, no así las causas, del cambio climático, son los datos que publica George Monbiot en The Guardian. Alemania se está gastando 600 millones de euros en un dique para la ciudad de Hamburgo y Holanda gastará 2200 millones de aquí a 2015 para ampliar y reforzar los suyos. Esto quiere decir a las claras que no es algo que pueda pasar dentro de muchos siglos, los gobiernos se toman muy en serio las consecuencias, pero deberían tomarse más en serio las causas probadas. Estas no son otras que el modelo de desarrollo económico basado en la quema indiscriminada de combustibles fósiles, no renovables, y en la máxima del beneficio a corto plazo. Esto, que nos ha llevado a la crisis económica, nos lleva hacia la peor crisis ecológica de la historia. En las últimas semanas se está desgajando la plataforma de Wilkins en la Antártida. Se trata de una masa de hielo del tamaño de Jamaica. Lo grave es que los modelos de cambio climático no prevían que la Antártida se derritiera, pero es el caso y esto nos plantea más interrogantes aún.
Si no hacemos nada para evitarlo, no sólo los 4ºC de aumento se alcanzarán, sino que esto nos llevará a 8, lo que sí sería una catástrofe irreversible. Los cambios del patrón climático serían tan drásticos que nuestra capacidad de adaptación sería nula. De hecho, aunque mañana mismo cesaran las emisiones, el aumento medio de temperatura para 2050 sería ya de 4ºC. No hablamos de mil años, hablamos de 40. Esto está a la vuelta de la esquina, pero no nos lo tomamos en serio. Seguimos siendo optimistas respecto al futuro. “No se llegará, alguien hará algo”, nos mentimos a nosotros mismos. Pero quien debe hacerlo está sujeto a los cortos ciclos electorales y sabe muy bien que nadie votaría a un partido que llevara un programa para resolver las causas del cambio climático. Además, todos nos escudamos en la necesidad de una actuación conjunto, si los demás no hacen nada no seré yo quien lo haga. A ver si voy a ser el tonto que no despilfarra, ahorra y no contamina.
Se ha dado el caso, no sé si calificarlo de kafkiano, de que se persigue al que denuncia y no al que crea el mal. Asociaciones de propietarios de La Manga –ese hermoso brazo de tierra que crea la mar chica, que dijera el poeta–, haN denunciado ante los tribunales a Green Peace por emitir un fotomontaje en el que se puede ver en simulación el efecto que la subida del mar tendría sobre La Manga del Mar Menor. Esa acción del grupo ecologista ha provocado una depreciación de sus propiedades. Si matamos al mensajero de malas noticias, piensan, estas no existirán. Pero el mal está ahí mismo y no tenemos mucho tiempo para escudarnos en mentiras, autoengaños y falsedades. Es hora de actuar, de lo contrario esto se nos va de las manos.

Dame pan y...

Muchos son los incrédulos, pero los datos brutos demuestran lo que no quieren creer. La actual presidencia de los Estados Unidos tiene como asesor más cualificado en la sombra a Zbigniew Brezezinski (ZB), amigo y antiguo maestro de Henry Kissinger. Ambos están unidos por tres lazos muy fuertes. El primero es su origen: antiguos países de la órbita soviética; el segundo es su ideología ultraliberal; el tercero es un cinismo descarado. Pero no se ocultan para expresarlo sino únicamente para ejecutar lo que piensan. Henry en los muchos casos de complot internacionales para acabar con gobiernos democráticos que no estaban dispuestos a regalar los frutos de sus tierras a las empresas americanas; el de nombre impronunciable –ZB–, para sugerir las políticas que deberían llevarse a cabo en el mundo tras la caída del bloque comunista.
Pero siempre hay una primera vez para todo. En 1995, en el Hotel Fairmont de San Francisco, se reunió el primer State of de World Forum, bajo la égida de la Fundación Gorvachov y con la intención de hacer un análisis de la situación mundial y proponer líneas de acción para el siglo XXI. Los participantes debatieron durante varias horas, y el resultado fue la conclusión de que en el próximo siglo, éste en el que estamos, sería suficiente con el 20% de población para mantener el modelo liberal capitalista, el resto sobraba. Es la teoría del 20/80, mientras un 20% de la población es aprovechado para crear una excelencia a nivel educativo (aquí hay que entender Bolonia, como ya dijimos en un post anterior), laboral e intelectual, el problema es qué hacer con ese 80% de población mundial sobrante. La solución debe pasar por dividir a esa población en tres grandes grupos. El menos necesario, los que viven en países subdesarrollados y allí tampoco son útiles, hablamos de un 25% de población mundial, deben ser dejados a su suerte, de ninguna manera podrán participar del desarrollo, ello provocaría una disminución de beneficios para el resto. Otro 50% deberá ser utilizado en la producción industrial y manufacturera en países emergentes, China, India, etc. Estos son muy útiles como mano de obra barata. Pero hay una parte de la población mundial que no es necesaria para la gobernanza, pero sí para el mantenimiento, el consumo y la reproducción del modelo. Aquí es donde entra Mister ZB.
Tittytainment, esa es la solución”. Con ese término, ZB se refería a una fusión de palabras. En inglés sería “tits” y “entertainment”, es decir, “pechos” y “entretenimiento”, o lo que es lo mismo entetanimiento. Se trata de una especie de panem et circenses actualizado. Una mezcla de entretenimiento embrutecedor y alimento suficiente que permite mantener entretenida a la población desocupada del planeta y así reproducir el modelo durante todo este siglo. No es casualidad que apareciera la MTV por aquellos años y todo el despliegue de entretenimiento anestésico en el que estamos sumidos desde entonces. Las técnicas han sido varias, pero el objetivo es el mismo: mantener a raya la conciencia del ser humano. ZB sabía lo que decía y ahora sabe lo que hace cuando asesora a O.
Si se quiere saber más de ZB, invito a leer su libro El dilema de EE. UU. ¿Dominación global o liderazgo global?, Barcelona 2005, cuyo título lo dice casi todo, pero prefiero poner sus propias palabras: “El destino final del orbe (…) se decidirá entre un escenario de comunidad de intereses compartidos y otro escenario de sumergimiento acelerado en el caos global. Para evitar este último es imprescindible que los demás países acepten el liderazgo estadounidense” (245). La actual administración O le sigue al pie de la letra.
La verdad —ésta verdad— libera, aunque sólo salva el amor.

domingo, 12 de abril de 2009

Las "cosquillas" de Obama

Una de las tácticas militares más utilizadas de toda la historia por los políticos es incitar al enemigo para tener así la justificación de la guerra, el “casus belli”. Esta es la estrategia seguida en Afganistán y Pakistán últimamente, sobre todo con la llegada de la administración Obama, que sólo ha cambiado el color del presidente, no sus políticas. Si por un lado dice abandonar Irak, dejando el reguero de muerte que hemos visto, por otro refuerza las tropas en Afganistán, de modo que el resultado neto es positivo para la industria armamentística y la industria asociada, las tropas siempre necesitan muchas cosas para poder vivir y alguien tiene que pagar todo eso.
En los dos últimos años se ha producido un recrudecimiento bélico en Afganistán, pero ha sido mayor en Pakistán, país amigo de Estados Unidos. Los ataques terroristas han aumentado en número e intensidad y esto ha obligado a una intensificación de la presencia militar de la OTAN. Pero la realidad, como siempre, es otra bien distinta a la que los medios nos permiten conocer. Según nos cuenta Chris Floyd, periodista americano e investigador político, en su web, la táctica de Rumsfeld fue siempre la de instigar a los grupos tribales del norte de Pakistán, para que reaccionaran, justificando así la acción del ejército americano. Con este fin se creó el “Grupo Proactivo de Operaciones Preventivas” (P2OG, por sus siglas en inglés). En septiembre, este grupo dirigido por Michael Hayden, entonces director de la CIA, organizó una serie de ataques para provocar la reacción de los terroristas, a esto llamó Hayden “cosquilleo a los terroristas”. Este “cosquilleo” se resume en bombardear desde diez mil metros de altura zonas pobladas bajo control tribal, sin ningún tipo de miramiento. Estas acciones “proactivas” acarrean infinidad de víctimas civiles no combatientes, algunos familiares de los “terroristas”. A esto se refiere Obama cuando habla de “continuidad de la política exterior estadounidense”.
Son muchos años ya de esta “política exterior”, el mundo necesita otra política, otra forma de relacionarnos entre naciones y culturas. El verdadero peligro está en que la gente común, la gente normal, la gente que va a su trabajo y enciende el televisor al llegar a casa, se cree todas las patrañas que las agencias de información oficial crean para que la consumamos. Por desgracia son muchos los que justifican eso que llaman “guerra contra el terror”, y se creen que es necesario desnudarse para tomar un avión. También creen que todo se hace por su propio bien, que nadie sería tan malvado de haber creado un plan para que todo el mundo crea que está en peligro inminente de ser víctima de un atentado terrorista. El peor atentado terrorista se ha cometido contra la verdad y contra las conciencias de los seres humanos de buena fe que se creen el enorme montaje creado alrededor de la industria de la muerte.
Necesitamos otro cosquilleo, el de la verdad rondando nuestras cabezas, el de la justicia que no nos deja tranquilos ante el sufrimiento ajeno, el del amor y la paz que fluyen como manantial sereno cuando la verdad y la justicia campan en el mundo. Cielos lloved vuestra justicia; tierra, haz germinar al salvador.

sábado, 11 de abril de 2009

El Homo Clausus

El hombre postmoderno tiene su origen, como no podía ser de otra forma, en el arte de las vanguardias. La relación directa entre la cultura de la imagen y el nacimiento de la postmodernidad nace de la unión de imagen y producto, que dio como resultado el nacimiento de la racionalidad postmoderna en la que vemos cómo esa nueva imagen da lugar a un nuevo hombre. Nueva imagen, es decir, apariencia diferente que suplanta la realidad moderna por una ficción de la misma. Esto lo podemos ver cotejando la obra de Andy Warhol, el artista pop más representativo y el que más identificó arte y mercado. Warhol comenzó su carrera artística como ilustrador comercial de moda para calzados y diseñador de escaparates. Una de sus obras más conocidas tiene como nombre zapatos de polvo de diamante, en ella podemos analizar el giro postmoderno del arte.
Si comparamos estos zapatos warholianos con los de Van Gogh podemos ver el salto o cambio producido. El par de zapatos de Van Gogh reflejan un mundo agrícola, de pobreza y de fatigas de las faenas campesinas, “un mundo reducido a su estado más frágil, primitivo y marginal” (Frederic Jameson, El postmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado, Barcelona 1991, 24). Ese par de zapatos de labriego son capaces de explicar un mundo y proponer una idea, incluso una utopía. Y son capaces porque pertenecen a un mundo con sentido, porque son parte de una realidad dada. Tienen la capacidad de evocar, de rememorar, son capaces de simbolizar, son símbolos, casi sacramento de una realidad superior. En cambio, los zapatos de polvo de diamante no reflejan nada porque no pertenecen a nada. Están ahí y nada más, ante ellos nos encontramos frente “al nacimiento de un nuevo tipo de insipidez o falta de profundidad, un nuevo tipo de superficialidad en el sentido más literal, quizás el supremo rasgo formal de todos los postmodernismos” (Daniel Bell, Las contradicciones culturales del capitalismo, Barcelona 2006, 79).
El arte postmoderno no está referido a ninguna realidad, no tiene ningún tipo de profundidad, su superficialidad es un tipo de insipidez, de falta de sabor o incluso de sabiduría –sapientia, sapere–. No es por casualidad, la obra postmoderna paradigmática, la de Warhol, gira fundamentalmente en torno a la mercantilización que resalta específicamente el fetichismo de la mercancía. El arte, que es un reflejo de la autoconcepción de una época, un espejo de la ontología reinante, manifiesta al hombre que lo realiza. El hombre del arte postmoderno es el homo clausus. El hombre desocializado, liberado del principio imperioso de seguir las prescripciones colectivas, existiendo para sí mismo e igual a los otros, que “trabaja” o “desconstruye” las formas. Este trabajo individualista de desconstrucción de las formas, deriva en una clausura de la misma humanidad; el hombre deja de ser el mundo de los hombres, para convertirse en una aureola de vacío absoluto. El mundo que nace de este homo clausus es el mundo cerrado, el universo vacío, la nada que todo lo cubre y que no permite que pueda existir una estructura de sentido común. No hay posibilidad de estrategias alternativas, el hombre moderno, capaz de crear, ha sido reducido a una mónada sin puertas ni ventanas, comunicada por una red virtual que le suministra los imputs y los memes (Dawkins, El gen egoísta, Barcelona 1993) necesarios para servir como consumidor consumido en la rueda del consumo.
El Homo Clausus es, también, el antitipo del hombre comprometido con el mundo y la historia humana, de Jesús de Nazaret. Es el pulgón de Nietzsche, el ser incapaz de ir más allá de su goce irrefrenable.

viernes, 10 de abril de 2009

El homo consumptor, "sin figura humana"


Una de las consecuencias de la disolución social postmoderna en el ámbito, principalmente, de las relaciones económicas, es el nacimiento de un nuevo hombre: el homo consumptor, el individuo consumidor de su propio consumo, destructor, consumador, de sí mismo y de su entorno. Ya no hay posibilidad de creación social, ni de constitución del propio mundo, las herramientas han sido cercenadas. Ahora todo es técnica, una técnica muy sencilla para que cualquiera la pueda utilizar aunque no tenga la más mínima idea de las bases científicas que lo hacen posible. Estoy pensando, por ejemplo, en la revolución informática. Cuando en los ochenta nos formábamos en los centros de secundaria en informática, las máquinas que nos proporcionaban eran sumamente primitivas —¡32 kilobits de memoria!— y no permitían hacer nada que no se le ordenara –de ahí lo de ordenadores– mediante comandos que lo hacían, para ello era necesario tener unos ciertos conocimientos matemáticos. Hoy no es necesario tener ningún tipo de conocimiento previo, todo es muy intuitivo, sobre todo tras la aparición del sistema windows que lo ha hecho todo tan fácil, y del mouse que permite rapidez en el trabajo.
La razón científica que permite conocer la realidad y construirla, queda subyugada a un número muy reducido de medios de control. Los científicos mismos han sido atomizados en grupos de trabajo parciales que estudian ámbitos muy reducidos de la realidad. Nadie tiene un dominio amplio suficiente sino que éste queda en manos de las grandes corporaciones industriales y sus centros de investigación científica relacionados con ciertas universidades. Ningún científico controla nada más allá de sus experimentos concretos de un ámbito muy delimitado de realidad. Son las grandes compañías las que controlan, como el control que están consiguiendo con las patentes de los genes de plantas y animales por parte de las compañías fitosanitarias. Ya no son posibles un Newton, un Einstein o un Heisenberg. Ahora son las corporaciones las que lo hacen todo por nosotros.
El hombre consumidor es el hombre consumido por su propio consumo, hasta el punto de que ya no es hombre sino un individuo que forma una pieza dentro del proceso de producción postmoderna. Este proceso comienza con la creación de un marasmo y la conclusión en el vacío, la nada, el nihilismo absoluto que niega la historia, no ya atomizada sino reconstituida, como los productos lácteos en polvo a los que hay que añadir el agua para que se reconstituyan, para que vuelvan a ser lo que nunca han sido. El hombre postmoderno ha sido desustanciado para ser reconstituido según las necesidades de las corporaciones multinacionales y sus grupos mediáticos. Ya no tiene figura humana, y en esto se asemeja por oposición al "varón de dolores" que recordamos hoy, el que fue ejecutado por el Imperio por ser un estorbo a sus planes, el que fue eliminado por proponer una alternativa real a la inhumanidad del mundo, el que fue desfigurado porque su imagen era la esperanza de un orden nuevo, el Reino de Dios, opuesto al Reino del César.

jueves, 9 de abril de 2009

La "Oficina de la Verdad"

No hace mucho hablábamos de la necesidad de crear estructuras de gracia que pudieran hacer frente a las estructuras de pecado que hay en este mundo. Uno forma muy particular de crear estas estructuras de gracia sería la puesta en marcha de una Oficina de Información sobre la Verdad de las empresas multinacionales cuyos informes tuvieran que ser emitidos en horario de máxima audiencia a diario por todas las cadenas de televisión. Esta oficina debería estar encargada de recoger información, testimonios y análisis del modus operandi de estas empresas, con el fin de contrarrestar la publicidad, siempre engañosa, que emiten a todas horas. Para ello, crearía spots publicitarios que deberían ser emitidos a la vez que los correspondientes spots de cada una de las marcas, como medio para que, al menos, tengamos dos versiones de lo mismo.
Cuando se emita un anuncio de Bayer que nos propone las bondades de las aspirinas para curar nuestros síntomas del resfriado, debería ser seguido de un anuncio en el que se pueda ver cómo Bayer financió la guerra del Congo mediante su filial H. C. Starck al adquirir enormes cantidades de coltán, el mineral maldito. También debería mostrarse cómo ha estado financiando ensayos clínicos no éticos, como refleja El jardinero fiel, y la utilización de mano de obra infantil.
Si el anuncio es de las maravillas de la Coca-cola y de lo que une a las generaciones, tendríamos que ver junto a él cómo esta empresa contrata “escuadrones de la muerte” para acabar con las resistencias sindicales en América Latina y cómo está acaparando las grandes reservas de agua dulce del mundo para el envasado de sus bebidas refrescantes. Es el caso de Gujarat, donde Coca-Cola ha expoliado los acuíferos y además los ha contaminado con los residuos que producen sus fábricas.
En el caso de los anuncios de productos Nestlé, será imprescindible que se deje en claro cómo el oligopolio del cacao y el café que lidera esta empresa permite que los precios de estos productos en origen se mantengan o bajen cada año, esto provoca que cada vez más niños tengan que trabajar para poder sobrevivir. Otra de las tácticas de Nestlé es asociar sus productos con los alimentos infantiles. Se han detectado campañas muy agresivas en países pobres para que las madres no den el pecho a sus hijos y sí los productos de la multinacional, que primero se los regala, como también hace en el primer mundo. El problema es que allí no hay con qué comprar esos productos después, y un niño que no ha lactado pronto, prefiere el biberón. Al año mueren, según la OMS, un millón y medio de niños por falta de amamantamiento, gran parte de la responsabilidad la tiene esta empresa debido a sus fuertes campañas para logra que las madres no amamanten a sus hijos.
Si, por último, lo que se anuncia son las deliciosas Mcdonald’s, deberá mostrarse cómo se devastan zonas naturales para la creación de enormes pastizales para que engorden las vacas que después se convertirán en hamburguesas. Esta carne necesita siete veces su valor calórico en grano, de ahí que, mientras las vacas engordan los seres humanos pierden peso. El consumo de carne se hace a costa del consumo natural de los habitantes de países empobrecidos.
Para llevar esto a cabo habría que imponer algún tipo de restricción a esta libertad absoluta de los medios para proponer contenidos en sus emisiones, porque la información está para el que quiera buscarla, el problema es que los spots son más, mejores y a todas horas, y eso les hace parecer verdad. La Verdad es una rara avis en el mundo de la comunicación. El que paga es el que impone su verdad. Impongamos nosotros la nuestra.

miércoles, 8 de abril de 2009

"China Crisis"


Un mes cumple este blog, y en este tiempo son muchas las personas que se han sumado de forma asidua al mismo. Quiero agradecer a todos los que seguís estos comentarios de la realidad en clave cristiana. Sí, en clave cristiana, aunque lo cristiano no aparezca de forma temática. Me gusta más la forma que tienen los profetas de ver el mundo, como crítica y como propuesta esperanzada, aunque pesimista. Porque si no hay un gran pesimismo, no podrá haber ningún tipo de esperanza que merezca ese nombre. El mundo postmoderno es demasiado optimista y eso nos puede salir muy caro. Por eso mantengo la actitud de los profetas y la mentalidad de la apocalíptica, que nada tiene que ver con el fin del mundo, sino con la fe en Dios y la esperanza en el futuro. El título del blog lo he tomado de David Hume, con él encabeza su Tratado de la Naturaleza Humana, obra de juventud que tuvo poca repercusión en su tiempo, pero que ha cobrado mucha importancia con el devenir de los siglos. A su vez, Hume la toma de Tácito, quien vivió momentos muy complicados en los años difíciles del Imperio romano y, desde dentro, era capaz de criticar el modo como los romanos dominaban el mundo: “a matar, robar, saquear y destruir llaman Imperio, crean un desierto y lo llaman paz”. Por ahí van estas reflexiones para momentos difíciles en los que el Imperio llama paz al saqueo y la destrucción; tiempos en los que se debe decir lo que se piensa y sentir lo que se dice.
Quiero compartir algunos datos que me ofrece google analytics. Durante este mes el número de usuarios únicos ha llegado a 90, con un ritmo de incremento de cinco nuevos usuarios cada día. Las visitas diarias van en aumento, alcanzando ya las 100, visitando cuatro páginas de media y permaneciendo cuatro minutos de promedio. Hemos recibido visitas de cuatro continentes y doce países diferentes. Por supuesto, el grueso de visitas son de España. Aquí Valencia se lleva la palma, con un 45% de visitas. Creo que Martín Gelabert tiene mucha culpa de esto. Le sigue Murcia y, a distancia, Madrid, Barcelona, Sevilla, Granada y Cáceres. En el ranking de post más leídos, el primero está "la culpa global", con 60 entradas. Le sigue "Lex Rhodia", con 54 y, pisándole los talones "Esclavitud Made in China", con 52. El resto rondan la treintena.
Quiero agradecer especialmente a todos los que dejan comentarios, eso me indica por donde están las sensibilidades. También a los que no dejan comentarios, pero sé que están ahí, de nada serviría que yo escribiera estas cosas si nadie las leyera y a nadie hicieran bien. Algún amigo me ha dicho que no me va a ser posible seguir a este ritmo y que tampoco es bueno, porque no doy tiempo para que se asimilen los post, debería publicar tres por semana. Ya veremos si le hago caso. Para terminar una curiosidad. Entre las nacionalidades de las visitas (ver en la imagen que acompaña este post los países en verde) hay tres que me desconciertan. Una visita recurrente en Holanda, cinco en Estados Unidos y tres en China. De estas de China me ha llegado una invitación muy correcta y formal para introducir publicidad en el blog, y ha sido justo después de publicar el post sobre la esclavitud en China. En el mail me informan de las condiciones de contrato, son bastante interesantes: 60 $ por cada 100 entradas y 100 $ más al llegar a 500. Hombre, no digo que no sea interesante, pero va a ser que no. Muchas gracias a todos.

martes, 7 de abril de 2009

Los "beneficios" de contaminar

La contaminación es uno de los males de esta sociedad globalizada. Se producen muchos desechos y no se ha implementado un plan mundial para el tratamiento de los mismos. Sería tan fácil como aplicar la regla de quien contamina limpia. Se trata de un principio de simple pedagogía, porque si son otros los que se encargan de limpiar lo que yo contamino, nunca aprenderé lo que implica mi acción, en el fondo, nunca seré libre. Eso mismo es lo que está sucediendo. Los consumidores en occidente tienden a creer que los productos han llegado a los centros comerciales como por arte de magia, no se ve la relación que existe entre el producto adquirido y el sistema de producción que lo ha generado. Si en los centros comerciales existieran grandes pantallas de televisión que mostraran los procesos productivos del producto que se adquiere, entonces sí seríamos realmente libres para elegir su adquisición. Debería poder verse dónde se ha producido, quién y en qué condiciones y las consecuencias de su producción. Así, veríamos cómo un producto Nike se fabrica en las maquilas salvadoreñas por niñas que cobran 0,25 $ por una prenda que Nike venderá por 45 $. Veríamos cómo Nike no se preocupa por los residuos que genera, ni por las consecuencias sociales de su producción. Entonces sí, seríamos libres para comprar Nike o cualquier otro producto. Mientras, somos meros autómatas guiados por impulsos dirigidos.
En 1992, Green Peace empezó una campaña de concienciación sobre los procesos contaminantes que podían llevarnos al desastre medioambiental. Tuvieron que pasar cinco años para que Naciones Unidas creara el Panel Intergubernamental para Cambio Climático. Pero el resultado de aquel Panel fue que no había evidencias (¡Qué Dios les guarde el oído, porque lo que es la vista…!) de que la acción sobre el medio tuviese consecuencias demostrables. Este Panel se repitió en el año 2000 y entonces vieron algunos signos preocupantes. Por aquel entonces empezaba a sonar el famoso Protocolo de Kioto, que tenía como meta la salvaguarda de la vida en el planeta en el futuro, se hacía notorio, ya entonces, que este ritmo de contaminación es insostenible. Según Kioto, los países firmantes deberían reducir sus emisiones de CO2 a niveles de 1990. Este protocolo también establecía un mercado de derechos de contaminación a nivel mundial. El primer año en que funcionó el mercado europeo de CO2, 2005, se intercambiaron 300 millones de derechos (cada uno de una tonelada) valorados en más de 6000 millones de euros. Las expectativas para 2010 son de más de 200.000 millones de euros, teniendo en cuenta que entra la segunda fase del protocolo y que la mayoría de países no cumple con los límites y deberá adquirir más derechos de contaminación. España ya ha negociado la compra de 50 millones de toneladas a países que no lo van a necesitar.
Se entiende que los países subdesarrollados que han firmado el protocolo de Kioto, tienen unos derechos de emisión que les han sido asignados como al resto de países. Estos derechos de emisión pueden ser utilizados para contaminar o bien pueden venderlos y obtener un beneficio. Se supone que quien vende los derechos es porque es más eficiente y le sobran, es decir, contamina menos y puede ganar un dinero vendiendo los derechos, pero aquí mismo podemos ser conscientes del núcleo perverso del capitalismo: el mismo protocolo de Kioto que se ha establecido para hacer viable la vida en el planeta tierra en el futuro, supuestamente, se revela ahora como lo que es en realidad, un instrumento de los desarrollados para asegurar que ellos sí van a seguir desarrollándose y, por tanto, contaminando, mientras que los subdesarrollados, empujados por la necesidad o por la codicia de los gobernantes sin escrúpulos, verán constreñido su desarrollo. Si estos países quisieran contaminar ya no podrían al haber vendido sus derechos, si lo hicieran serían gravemente sancionados.

lunes, 6 de abril de 2009

Consumidores consumidos

La postmodernidad tiene su característica social principal en la utilización de los medios de comunicación como controladores sociales del discurso narrativo e ideológico. Con ello se consigue reconducir a los individuos hacia una consideración de lo social como una pléyade de discursos y de posibilidades en las que ellos son escogedores. Se crea la ilusión de la libertad de elección. Se identifica libertad con libertad de elección y a continuación se crea la ilusión de las distintas posibilidades realmente diferentes. Puedes elegir entre ver esta cadena o aquellas otras, hay cientos; puedes elegir entre veranear en este sitio o en aquel; puedes elegir entre comprar este producto o aquel. En verdad, todos los productos son el mismo producto, y todas las posibilidades la única posibilidad de ser un objeto consumidor y consumido.
Esto se ha logrado mediante la desaparición gradual del lugar físico del mercado y la tendencia a la identificación de la mercancía con su imagen, dándose lugar a una simbiosis entre el mercado y los media. Las fronteras entre lo uno y lo otro quedan difuminadas y se pretende crear una imagen de mercado que unifica el producto, el medio y la empresa. Ya no hay límites en la venta, el mercado se ha hecho omnipresente. Los productos se difunden a través del espacio y del tiempo de los segmentos de entretenimiento de los media, como parte de su contenido, llegando a no estar muy claro dónde ha concluido el espacio televisivo y donde comienza el anuncio; la confusión entre publicidad y discurso narrativo, entre mercado y sociedad, entre hombre y producto, ha llegado a ser total, más aún con la llegada de la tecnología de la red. Hemos llegado al sumum del proceso, cuando el proceso de consumo se consume a sí mismo. El individuo no consume productos sino que consume consumo, llega a identificarse con el producto, la marca, la imagen, la historia y la realidad creada a su alrededor. Este individuo ya no es un ser humano sino un apéndice del proceso de mercantilización global por la imagen social desconstruida.
Al principio, el papel de la publicidad consistía en informar sobre el producto, pero pronto pasó a construir una imagen relacionada con la versión de los productos que se fabricaban bajo una marca determinada. La primera tarea para la creación de una marca consiste en encontrar nombres adecuados para artículos genéricos, como el yogurt, los cereales, el jabón. Todos los de cierta edad hemos crecido comiendo danone aunque fuera un yogurt de otra marca, porque el que consiguió identificar el producto con su marca, creó la realidad del producto. Este proceso lleva hasta la fetichización máxima de la mercancía que es la otorgación de vida al producto hasta el punto que las relaciones sociales se tornan relaciones entre mercancías.
Naomi Klein (No logo. El poder de las marcas, Barcelona 2001, 34) nos ha explicado bien el proceso: las empresas cobran personalidad y los productos vida a través del proceso de creación de imagen corporativa. Jameson añade que la narratividad de la publicidad crea la misma realidad eliminando la posibilidad real de elegir y sumergiendo al hombre en una prerrealidad informe. Concluimos nosotros que la racionalidad moderna se ha tornado técnica de reproducción del ser consumidor. El sujeto ya no crea nada, elige ser pieza de consumo. El uso de la razón en la globalización postmoderna sigue siendo el mismo uso que se daba en la modernidad: el control y el dominio. Ahora ha sido necesario que esa razón se relativice y se haga más técnica de reproducción que pensamiento constructivo de la realidad. Si la razón moderna fue un instrumento de creación de la realidad social, la postmoderna es la herramienta de la disolución social, pero el objetivo es el mismo: mantener el dominio sobre los recursos humanos, económicos y ecológicos del planeta.

domingo, 5 de abril de 2009

La culpa global

En 1945, Karl Jaspers (El problema de la culpa, Barcelona 1998) aún podía diferenciar entre culpa moral y culpa metafísica con el fin de dirimir el grado de responsabilidad de sus compatriotas en los crímenes nazis. Para ello establece una separación entre cuatro tipos de culpa: criminal, política, moral y metafísica. La culpa criminal es atribuible a quien ha cometido el crimen y nada más. El juez dictamina y el castigo cae sobre el reo. La culpa política recae de forma indirecta sobre todos aquellos que aceptaron las decisiones de los estadistas. Los vencedores juzgan y la responsabilidad será la carga de los culpables. La culpa moral recae en toda acción y omisión que realiza cualquier hombre y no puede ni confundirse con las anteriores ni extenderse a los demás, cada cual tiene su propia culpa moral, de la que su conciencia es juez y que le debe llevar a la conversión si es consciente de la repercusión de su acción. La culpa metafísica, por último, implica la solidaridad de todo el género humano y hace a cada uno responsable de toda injusticia que se cometa. Sólo Dios juzga, es la instancia de juicio y la consecuencia en el hombre debe ser la humildad.
Hoy no podemos hacer esta cuádruple distinción. Si Zygmunt Bauman está en lo cierto, con la globalización la culpa metafísica se ha tornado en culpa moral. Todo ser humano es culpable en su conciencia de toda la injusticia que se comete en el mundo. Todo hombre es culpable moralmente de la estructura de pecado en que vivimos, compartimos la responsabilidad por el pecado del mundo, somos pecadores solidarios. Pero existe la posibilidad de ir más allá y unir la culpabilidad moral con la política, de modo que también somos culpables de todo aquello que nuestros estadistas hagan si no hemos opuestos todas nuestras fuerzas para evitarlo. De esta forma, cada uno de nosotros es culpable de todo el mal estructural que se ha generado, porque todos somos cómplices de este mundo. Al fin y al cabo todos usufructuamos los bienes injustamente obtenidos y el fruto de la destrucción del planeta, sea porque utilizamos los productos de las multinacionales, todas ellas destructoras del ser humano y el planeta, sea porque nos repercute el beneficio de esos actos. Así visto, podríamos ser juzgados criminalmente, porque un cómplice de un crimen es tan culpable como el criminal que materialmente lo cometió. Por tanto, de las cuatro culpabilidades de Jaspers, solo nos quedan dos: la moral, que todos compartimos y en grado muy amplio en la globalización; y la criminal, de la que somos reos si nos beneficiamos del fruto de los crímenes.
Hay dos formas de enfrentar la culpa, una inauténtica y otra auténtica. Sólo esta última nos permite madurar como personas y crecer como colectivo. La forma inauténtica puede tener varias expresiones (negación, huida, banalización), pero todas ellas se resuelven en una dis-culpa que no asume los actos. Únicamente la forma auténtica nos lleva al proceso de exculpación por el camino de la asunción de la culpa y sus consecuencias. El proceso tiene cuatro pasos: reconocimiento, arrepentimiento, metanoia y reparación (X. M. Domínguez Prieto).
Para poder salir de esta situación hemos de crear unas estructuras de gracia en las que el ser humano pueda ser culpable del amor y la felicidad de los demás. La religión tiene un papel fundamental que jugar, y sobre todo la religión profética que puede desvelar el camino de salida hacia un mundo de verdad, justicia y amor.

sábado, 4 de abril de 2009

Esclavitud "Made in China"

Desde los acontecimientos lamentables de la Plaza de Tiananmen en 1989, la economía China se abrió al más salvaje capitalismo. En realidad, la apertura fue anterior incluso a la famosa perestroika de Gorbachov. Ya en 1980, el gurú del neoliberalismo económico, Milton Friedman, fue invitado por Deng Xioaping a impartir seminarios en las universidades chinas para que los futuros economistas pusieran en práctica sus teorías económicas, que se reducen a tres supuestos básicos: desregular los mercados, privatizar la gestión y liberalizar el comercio. Estos tres supuestos son los que han llevado a la actual crisis económica porque no es cierto que los mercados se regulen por sí mismos. Muy al contrario, impera la ley de la selva, el más fuerte se come al resto. Lo que acabó estallando en la famosa plaza pekinesa no fue una revuelta para pedir que el régimen permitiera libertades democráticas, sino para que las reformas no se hicieran según el modelo de Milton Friedman que básicamente suponía la pérdida de derechos laborales y sociales a favor de un reducido número de miembros del partido comunista chino que se habían lanzado al enriquecimiento enloquecido tras la alocución de su máximo dirigente al grito de “enriqueceos”.
Las políticas aplicadas en China se parecían a una especie de electroshock social: en un lapso de tiempo inferior a cinco años se desmontaron las estructuras supuestamente comunistas de más de cincuenta años sin ser suplidas por nada. Fue el mismo caso que en Rusia, pero allí se creo un capitalismo mafioso, mientras en China se creó el mayor paraíso capitalista regido por un pequeño grupo de líderes comunistas; sin sindicatos, ni leyes de protección laboral, ni leyes de defensa del medio ambiente, ni cobertura sanitaria, ni derechos para los desfavorecidos. Es decir, en un breve periodo de tiempo se pasó a disponer de una amplia zona franca para los negocios sin ningún tipo de control, justo lo que Friedman había deseado encontrar siempre. Las consecuencias saltan a la vista. La región de Cantón recoge la mayor producción mundial del made in China, más de 22 millones de trabajadores con un salario medio de 80 euros, sin ningún tipo de protección. Unido a esto tenemos la falta de legislación medioambiental que convierte a la zona en una de las mayores contaminadas del planeta.
Allí se ha producido lo que los economistas denominan externalización de los costes sociales, ecológicos y laborales. Mientras, por poner un ejemplo, en nuestro país, un empresario debe pagar un salario medio de 1200 euros, más la seguridad social, el seguro de desempleo y hacer frente a los costes medioambientales, en China, una empresa juguetera española instalada allí sólo debe asumir los 80 euros antes citados por jornadas de 16 horas, siete días semanales. Como se puede ver fácilmente, no se trata de que en China se produzca a menor coste, sino que en China se explota a los seres humanos con el fin de extraer el mayor beneficio posible, beneficio que recae tanto en los dueños de las empresas como en los compradores occidentales que nos hacemos cómplices de un sistema inhumano. No está demás recordar que en 1836, en Inglaterra, cuna de la industrialización, el parlamente británico emitió una ley que prohibía jornadas laborales superiores a 12 horas en niños menores de 12 años. Después de casi doscientos años estamos donde estábamos, pero ahora el mal se ha multiplicado porque son ya 246 millones los niños esclavizados.
El made in China es una metáfora de esta globalización materialista y suicida que pone el beneficio económico por encima del hombre, olvidando que no se ha hecho el hombre para la economía sino la economía para el hombre.

jueves, 2 de abril de 2009

La banca española en peligro



Según J.P. Morgan, una de las principales firmas de inversión, la exposición de los bancos y cajas a la crisis es muy alta. En su jerga lo llaman "mala posición competitiva". En su informe para el foro de la nueva economía de marzo de 2009, deja clara la difícil situación en la que se encuentra la banca española, como puede verse en el cuadro de arriba. Para entender el cuadro basta saber que cuanto más arriba y más a la derecha, peor. Por ello CCM ha acabado intervenida. Con un solo vistazo se puede ver quién puede ser el siguiente y así uno tras otro, de arriba a abajo y de derecha a izquierda. La conclusión de este informe es clara: "Lo peor está por venir para las instituciones financieras españolas que sufrirán por el deterioro de la situación macroeconómica y la exposición al sector inmobiliario". Las causas próximas, según J.P. Morgan, son el aumento de la morosidad y el agotamiento de las provisiones genéricas. Nada dice este banco especializado en el análisis de la situación de las empresas, de las causas remotas y profundas de esta situación bancaria española. Estas hay que buscarlas, no en elementos endógenos que afectan meramente a España, sino en el mismo modelo de desarrollo económico en el que estamos inmersos. Los bancos ha mucho que dejaron de lado su negocio para abarcar más de lo que podían, y esto lo hicieron influidos por la coyuntura económica. Dos situaciones ayudaron a esto, primero la bajada de tipos de interés que se mantuvo durante tres años en el entorno del 2%. Esto animó a soltar préstamos con enorme alegría. El otro, la liberalización, si es que se puede llamar así a la ley de la selva en que se convirtió el urbanismo español tras la aprobación de la Ley del suelo en 1997. Una cosa y otra unida a la permisividad del regulador financiero español, provocaron la peor situación en que se ha visto el sistema bancario.
Durante siete años se ha estado financiando una construcción masiva y sin ningún tipo de regulación que nos ha llevado a tener más de tres millones de casas sin poder ser vendidas, mientras existen más de diez millones de personas que no pueden acceder a una vivienda. El problema no reside en los desmanes de algunos incautos avariciosos que pretendían engordar sus cuentas al precio que fuera, el problema reside en el modelo económico que incita a ello.
Hemos vistos hoy mismo como los líderes mundiales reunidos en Londres no han hecho otra cosa que intentar mantener por más tiempo el sistema financiero que ha provocado la crisis. Esto sólo nos puede llevar a una catástrofe peor aún. Sostenella y no enmendalla no puede ser la solución. El modelo está agotado, no se trata de un cambio de parámetros, sino de un cambio de modelo, desde la misma raíz.
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